OTRA VERDAD

Manuel Juan Somoza/La Habana

No es noticia que en Cuba se anda de cabeza por la guerra impuesta desde Washington y la incapacidad interna de actuar con efectividad, al menos, en un frente, pero si se hace referencia a cualquier aspecto de la vida nacional, es imposible desconocer esa tenaza que comprime a comunistas, no comunistas, a los niños y a los viejos.

Sería cuando menos cínico o infantil enfocar el día a día culpando al otro, incluso aunque tenga la mayor carga de responsabilidad. Cada colmillo de esa tenaza hiere, desgarra vidas y hasta sueños. El tiempo nunca se detiene y se necesita tiempo para realizar los sueños.

Hoy escribo con electricidad, no sé hasta cuándo ni por qué. Imposible saber porque el parte que emite la Unión Eléctrica cada mañana nunca se corresponde con los hechos, al menos en mi barrio del oeste de La Habana.

Cuando se anuncia una generación mínima de 900 megawatt resulta que la corriente impera y cuando se eleva esa cifra ocurre exactamente lo contrario y, entonces, comienza otra de las agonías de la cotidianidad: la falta de información o la desinformación.

Mis colegas de la prensa oficial por lo general se pierden entre propaganda y adjetivos. Y los encargados de informar desde las instituciones ni se han enterado por dónde va el entierro. Informes de cifras, circuitos y terminologías técnicas, imposibles de entender por los simples mortales.

Ahora el presidente Díaz-Canel va temprano a la radio algunas mañanas a conectar con la gente que previamente le pide solución a sus problemas, dificultades cotidianas que deberían ser resueltas por la legión de funcionarios que desborda el país.

¿Por qué hay que esperar al programa radial para poner a producir alimentos en un pedazo de tierra?

Él va en busca de levantar ánimos, habla de programas con vistas a disminuir apagones, la falta de agua y el número creciente de menesterosos (“vulnerables”, los bautizaron en el laboratorio de conceptos concebidos para suavizar verdades terribles).

Pero cuando son tantos los programas y proyectos que han fallado, ¿cómo confiar en que ahora, sí, todo irá sobre ruedas?

No me hagan demasiado caso, este sábado vengo de muchas noches en tinieblas que, quizá, me arrancaron un pedazo del optimismo que urge.

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