Prohibido morir o conducir en bermudas en Cuba

La Habana

En una Cuba asfixiada por el calor, las restricciones de vestimenta en hospitales y oficinas públicas obligan a los ciudadanos a soportar pantalones largos y calzado cerrado, en una nueva muestra del absurdo burocrático que complica la vida cotidiana.

Aurelio Pedroso/La Habana

Un verano sin ventiladores ni aires acondicionado, insoportable, infernal, con moscas, mosquitos y demás alimañas visibles e invisibles, que poco antes de su llegada ya los médicos estaban advirtiendo de todos los trastornos que él ocasiona para la salud sin excepciones de edad con extremo cuidado en niños y ancianos.

Y tal parece que las autoridades de Tránsito, pertenecientes al Ministerio del Interior, y las de Salud Pública no padecen de esas calenturas o poco les importa y nos obligan a vestir “decentemente” cuando debemos hacer acto de presencia en algunas de sus instalaciones.

Ahí estará en la puerta de acceso  un funcionario o un miembro de vigilancia que te mirará de arriba hacia abajo o de abajo hacia arriba para decirte con buena o mala cara que el acceso está prohibido por el short o la chancleta mete dedo.

En los 80s aprobé y aplaudí que los policías de las playas al este de la capital usaran bermudas  blancas en sus uniformes y en verdad se veían bien, que lo del físico es cuestión aparte. Pensaban sus jefes superiores, y no estaban equivocados, que esa era la indumentaria propia para el verano.

Pero pasaron los veranos, lo jefes y los tiempos para que ahora piensen de otra manera.

Salud Pública otro tanto. El dermatólogo te ha sugerido usar ropa “fresquita”, de algodón, con ventilación en tus partes afectadas y debes ir a una consulta donde esperarás más de una media mañana con un pantalón casi de lona porque en la puerta del hospital alguien autorizado te negará la entrada.

En pocas palabras, te paran en seco, una barrera infranqueable para poder pasar. A veces, y no en todos los sitios, después de la negativa apuntan con el dedo índice hacia un cartel donde, entre otras advertencias, aparece lo del “adecuado vestuario”.

Nada de nada, que no está lejos el día en que te prohíban morir en bermudas o conducir con una de esas pantalonetas de marca o hechas por la abuela costurera para que no se te cocinen los huevitos por el calor.

Ocupémonos en que la gente sepa que existen vocablos como buenos días, buenas tardes, buenas noches, con permiso, disculpe, etcétera, etcétera y después, cuando sean menos los agobios  en consultas y oficinas, que con cinto negro va calzado de igual color.

Sabio y precursor aquel que propuso a nuestra guayabera como prenda nacional y oficial, mucho más práctica y elegante que una camisa donde cuelgue una corbata Hermés de seda y de más de cien euros.

Cuba, un eterno verano, rezaba un comercial del Ministerio del Turismo.

(Tomado de El Boletin)

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