Oportunidades perdidas


Jorge Gómez Barata /La Habana
El socialismo de matriz soviética tuvo su oportunidad realizada en 70 años. Primero al establecerse en el Imperio Ruso, convertido en la Unión Soviética, a cuyo espacio político, en diferentes momentos y circunstancias se aproximaron Mongolia, más tarde a Europa Oriental, China, Vietnam y parte de Indochina y por último Cuba que permanece como un bastión de la ortodoxia.
El colapso de la Unión Soviética y los otros países ex socialistas, se explica porque, a los defectos estructurales (de origen), como la estatización total, no sólo de la economía, sino de toda la actividad social, se sumaron errores funcionales que pudieron evitarse: El stalinismo, la sacralización de los liderazgos, el sectarismo y el dogmatismo, así como el ateísmo, la exclusividad ideológica y la deficiente institucionalidad que no resolvió la dualidad de poderes entre el estado y el partido comunista, así como los déficits de libertades, derechos y democracia.
No obstante, durante su existencia la Unión Soviética ejerció una vasta y positiva influencia que en parte explica el auge de los movimientos progresistas, la derrota del fascismo, el éxito de la descolonización, la ayuda al desarrollo y el equilibrio que facilitó la contención del imperialismo. Un defecto capital fue el rechazo a cualquier otra forma del socialismo que no fuera la versión soviética.
 Durante 40 años Karl Marx se dedicó exclusivamente a la investigación crítica de la economía política y del entorno político europeo, estableciendo las esencias científicas del pensamiento socialista y sus derivados: el comunismo, la social democracia y la democracia cristiana, todavía vigentes. Sin conceder espacio al voluntarismo, sostuvo que el socialismo aparecería como un resultado del desarrollo de las fuerzas productivas y de las estructuras sociales o superestructuras, a las que llamó relaciones de producción.
En El Manifiesto Comunista (1845), Karl Marx definió y sometió a la crítica seis tipos de socialismo: Socialismo reaccionario, Socialismo conservador o burgués, Socialismo alemán o verdadero, Socialismo burgués o conservador y el Socialismo y el comunismo crítico-utópico”.
No obstante, para este trabajo, he considerado otras cinco versiones, entonces inexistentes: Socialismo marxista, Socialismo revolucionario, Socialismo democrático y Socialismo científico. Como ocurre con todo el pensamiento político avanzado. Todas las versiones son europeas.
Aparte del socialismo marxista que no es obra sólo de Marx sino también de Proudhon, Lasalle, Bakunin, y una pléyade de intelectuales de izquierda.
En vida, Marx fue considerado un subversivo peligroso, cuando lo cierto es que nunca hizo nada oculto, clandestino ni ilegal. No empuñó un arma ni lanzó una consigna incendiaria. En su credo, llegado a cierto punto de la civilización, habría un período de transición en el cual las relaciones sociales asumirían contenido socialista.
Todo ello ocurriría en los países altamente desarrollados. Excepto algunas referencias a Rusia, Marx no aludió a la edificación del socialismo en los países coloniales ni a la idea de que, en ellos conscientemente, desde el poder pudiera edificarse una base económica. El término “construcción del socialismo” no es de su autoría.
A partir de Marx, he elaborado el punto de vista de que el socialismo no es un modelo que se construye desde el poder, sino un estado social al que se arriba. Obviamente el desempeño de vanguardias ilustradas, políticamente avanzadas como algunas de las que, con la experiencia de la ocupación nazi, se instalaron en Europa después de la derrota del fascismo.
 Algunos países desarrollados están en el umbral de ese estado, entre ellos aquellos que, en la posguerra, sin acentos ideológicos, elucubraciones teóricas ni apelaciones doctrinarias, avanzaron en la conformación de estados de bienestar.
Desde los setenta acepté la idea de la existencia, en diferentes grados de madurez, de un socialismo compatible con la democracia liberal, la economía social de mercado presente en los Estados de bienestar como los existentes en Suecia, Escandinavia, Finlandia, Austria, Alemania y otros países. En todos ellos, además de presencia del mercado y diferentes tipos de propiedad, se observaban políticas sociales avanzadas, democracia, y ciertos rangos de justicia social.
Tal vez Marx tenía razón y el socialismo llegará no como victoria política de alguna facción, sino como resultado del progreso general. Lo que no ha llegado no puede ser trascendido. Es seguro que existe un futuro para la humanidad del cual, tal vez alguna versión avanzada del socialismo sea parte. Allá nos vemos.
(Tomado de el diario ¡Por esto! )

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