El puñetero tornillo número diez y la salvadora lata de cerveza

Lata de cerveza Cristal y tornillo

Entre apagones, electrodomésticos averiados y reparaciones de última hora, los cubanos recurren al ingenio y a los materiales más insólitos para sortear una crisis eléctrica que convierte cualquier arreglo doméstico en una odisea.

Aurelio Pedroso/La Habana

Somos los cubanos tal vez los únicos en el mundo, que aspiramos a que un electrodoméstico nos dure toda una vida.

Esa ilusión viene de nuestros padres y abuelos que encomiaban la excelencia de esos equipos gringos (automóviles incluidos) de elevada calidad fabricados, según cuentan, con los excedentes de la II GM. Eran, en realidad, en extremo duraderos.

Pero todo ha cambiado. Ahora mismo casi que rechazamos los últimos adelantos de la tecnología. Son los propios técnicos y especialistas quienes nos aconsejan no comprar nada que venga con el sello inverter.

La razón no es obra de un capricho, sino de los contratiempos y atentados que recibimos cada día con los constantes cambios en el voltaje que ya no creen ni en los mejores controladores de línea.

“Nada de inverter, nada de inverter”, recomiendan

Converse con cualquier residente de la isla para que tenga un repertorio de equipos dañados por ese frenesí en el voltaje durante las pocas horas de electricidad que tenemos cada día. Aires acondicionados, lavadoras, neveras y hasta el router del ordenador no escapan del desastre.

Y si su máxima responsable, la Unión Nacional Eléctrica (UNE), carece de moneda fuerte para adquirir transformadores, mucho menos podrá resarcir el desastre que está ocasionando en los hogares.

EL ESPECIALISTA TOCA A LA PUERTA

Como en otras tantas especialidades u oficios, viene solo, sin ayudante a saber si por razones de gula económica. Usted, sin proponérselo, se convierte en ayudante. Y lo peor, en suministrador.

Que si tiene algo de aceite para enfriar la barrena, que si por ahí hay una cegueta, que si tal destornillador de estrías, que aguante fuerte por este lado, que si no tiene un tornillo número diez y, para colmos, que le consiga una lata de cerveza que rápido aparecerá en el basurero más cercano.

Uno, en el desespero por la reparación de la lavadora, con esos bultos sucios que esperan por días para su limpieza, se turba y no atina siquiera a multiplicar tres por cuatro. Mire usted, un tornillo número diez que finalmente apareció en las afueras de la ciudad.

Luego, lo de la lata de cerveza, que si el hombre no explica rápido para qué la quiere vacía se está ganando una expulsión deshonrosa de la vivienda por descarado y confianzudo. Una tirita de la lata solucionará un mecanismo negado a trabajar.

(Tomado de El Boletín)

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