Manuel Juan Somoza/La Habana
Arranca noviembre y en Cuba han comenzado las tradicionales felicitaciones de fin de año “por si no llego”, dicen unos, o “porque no sé si tendré corriente y conexión el 31 de diciembre”, alegan otros previsores.
Y ese adelanto burlón y amargo encierra la realidad en la que sobrevive la inmensa mayoría de los 9,4 millones de habitantes que quedan en el país más envejecido de América.
Llevamos “40 horas sin corriente, sin agua, sin refrigeración y sin perspectiva de mejoría” comentó mi amiga Mercy Copa desde el otro lado de la Avenida 26, y le creo, en tanto el cronista Aurelio Pedoroso escribió:
Cuentan “que un periodista le pregunta a un hombre que posaba frente a una montaña de basura doméstica, que si apreciaba cambios en Cuba. El otro, sabedor que por decisión gubernamental este año no habrá horario de invierno para así ahorrar el combustible que los gringos hacen hasta lo indecible para no poder adquirirlo, le contesta tajante: -Aquí no cambia nada. Fíjese que ni la hora han cambiado”.
Esa es la percepción generalizada, “aquí no cambia nada”, mientras los medios nacionales le bajan el tono a las penurias, subrayan la retahíla de sanciones dictadas en Washington desde enero e insisten en propagar resultados económicos positivos, pero puntuales, sin alcanzar la extensión que urge.
De esa manera, los medios tradicionales, salvo excepciones, siguen alejándose de la cotidianidad, transformando a las redes para los cubanos de cualquier edad en la principal vía de información y desinformación, esta última copiosa y bien concebida también desde laboratorios del Norte.
Coincido con Heráclito en que la vida es un cambio incontenible. Sin embargo, en las condiciones de ahogo en que se mal vive en la isla en la arrancada del penúltimo mes de un año cruel, la percepción cuenta mucho más que la filosofía, los llamamientos a vencer y las consignas de aquellos tiempos en que el liderazgo de Cuba era capaz de sacudir hasta a los aburridos por naturaleza propia, hecho que no niegan los contrarios de antaño y de hoy.
En el mes que se fue, la mayoría de los gobiernos del planeta volvió a condenar en la ONU la guerra económica que Estados Unidos le hace al país desde hace casi 70 años, tirando a matar desde enero. Fue otra victoria política, pero nada más.
Los ataques a fin de “salvar a los cubanos” continuarán y lamentablemente parece que la burocracia seguirá engordando con cada cambio que se adopta, con cada comisión y subcomisión que se crea “para controlar los cambios”. Todo indica que todavía los mandantes no se han enterado que sus decisiones –buenas o malas–llegan a las bases a través de una estructura esclerotizada y , en consecuencia, disfuncional.


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