Cambio de hora
Aurelio Pedroso/La Habana
Aparecido en las redes sociales, cuenta que un periodista le pregunta a un hombre que posa frente a una montaña de basura doméstica, que si apreciaba cambios en Cuba.
El otro, sabedor que por decisión gubernamental este año no habrá horario de invierno para así ahorrar el combustible que los gringos hacen hasta lo indecible para no poder adquirirlo, le contesta tajante:
-Aquí no cambia nada. Fíjese que ni la hora han cambiado.
Ignoro si el chiste fue elaborado en un laboratorio estadounidense por cinco sabios “cubanólogos” pensantes bajo la supervisión de la Casa Blanca por órdenes de míster Trump bajo la asesoría de Marco Rubio o que nació de un ocurrente borracho o bromista habanero.
Si pienso en profundidad, se lo atribuyo al amigo de empinar el codo porque sabido es que hasta las mayores desgracias las convertimos en choteo.
Lo cierto es que lejos de mejorías con esas ciento y tantas medidas para palear la crisis, el ciudadano de a pie no acaba de sentir un alivio ante los múltiples problemas que debe enfrentar cada vez que se levanta.
Dificultades, de momento, imposibles de erradicar. Dígase alimentación, salud, suministro de electricidad, salarios, pensiones, transporte, educación y otros escollos más. Algunos de ellos, dicho por el propio presidente de la República, sin solución hasta tanto la economía no levante cabeza.
Y tal parece que ella no puede estar más cabizbaja.
De tal modo que no queda de otra que seguir aquel consejo algo vulgar pero muy familiar que proponía el defenestrado Robertico Robaina cuando asumió la dirección de la Unión de Jóvenes Comunistas:
-Apretar el culo y darle fuerte a los pedales.
Nunca más real e irónico que nos estamos muriendo de risas.
(Tomado de El Boletín)


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