La última encuesta de la Universidad Internacional de Florida sobre Cuba transmite un mensaje que Washington difícilmente podrá ignorar: los cubanoamericanos del sur de Florida siguen oponiéndose firmemente al sistema político cubano y apoyan mayoritariamente las políticas destinadas a su transformación. Pero tras esa postura intransigente se esconde una imagen más compleja de una comunidad que también apoya la ayuda humanitaria, mantiene lazos familiares con la isla y muestra una considerable apertura a la diplomacia.
La encuesta de 2026, basada en las respuestas de 1004 cubanoamericanos del sur de Florida, examina las actitudes hacia las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, la administración Trump, la inmigración y las elecciones de noviembre. Sus resultados dejan claro que el apoyo a la confrontación con el gobierno cubano sigue siendo fuerte, especialmente entre los republicanos y quienes llegaron a Estados Unidos antes de 1995.
Sin embargo, los resultados también plantean una pregunta fundamental: ¿El objetivo es castigar al gobierno cubano a cualquier precio, o desarrollar una política que pueda producir un cambio político a la vez que se reduce el sufrimiento del pueblo cubano?
Las respuestas sugieren que muchos cubanoamericanos desean ambas cosas.
La presión máxima sigue siendo la posición dominante.
La encuesta muestra que el 77% está a favor de ejercer la máxima presión sobre el gobierno cubano. El 65% apoya un bloqueo a las importaciones de petróleo, y el 69% está a favor de mantener a Cuba en la lista estadounidense de Estados patrocinadores del terrorismo.
El dato más llamativo es que el 73% apoya la intervención militar estadounidense para derrocar al gobierno cubano. Entre quienes favorecen la acción militar, el 43% prefiere una operación clandestina.
Estas cifras demuestran la profunda oposición a La Habana entre los cubanoamericanos en Miami. También evidencian la firme convicción de la comunidad de que el cambio de régimen sigue siendo un objetivo legítimo de la política estadounidense.
Esta convicción se ve reforzada por el hecho de que el 69% cree que ejercer la máxima presión provocará un cambio de régimen. Los republicanos se muestran especialmente confiados, con un 81% que expresa esta creencia, en comparación con solo el 37% de los demócratas.
Sin embargo, las expectativas sobre el momento del cambio varían considerablemente. Mientras que el 22% espera un cambio político importante en el plazo de un año y el 40% en cinco años, el 29% cree que nunca ocurrirá.
Tras décadas de sanciones y políticas de confrontación, esta última cifra merece atención. Sugiere que, incluso dentro de una comunidad firmemente comprometida con el cambio, no existe una confianza generalizada en que la estrategia actual vaya a tener éxito.
El costo humano plantea una cuestión difícil.
Uno de los hallazgos más reveladores de la encuesta se refiere al sufrimiento del pueblo cubano. Los encuestados están divididos equitativamente sobre si ese sufrimiento es un precio aceptable a pagar por un cambio de régimen.
Esa división es importante porque pone al descubierto una tensión en el centro de la política estadounidense hacia Cuba.
Una política diseñada para debilitar a un gobierno mediante la presión económica inevitablemente plantea interrogantes sobre quién sufre las consecuencias. El gobierno cubano sigue siendo responsable de sus propias decisiones políticas y fracasos económicos. Pero los cubanos de a pie también afrontan las consecuencias de las restricciones comerciales, la escasez de combustible y las limitadas oportunidades económicas.
La encuesta no sugiere que los cubanoamericanos estén abandonando su oposición al gobierno de La Habana. Más bien, demuestra que la cuestión de cuánto sufrimiento es aceptable no tiene una respuesta unánime, ni siquiera dentro de una comunidad que defiende firmemente la presión.
Esa distinción es importante. Una cosa es querer un cambio político; otra muy distinta es decidir qué políticas tienen más probabilidades de lograrlo y a qué costo humano.
La asistencia humanitaria goza de un amplio apoyo.
Los resultados de la encuesta sobre política humanitaria son particularmente reveladores.
El 73% está a favor de la venta sin restricciones de medicamentos a Cuba, mientras que el 70% apoya la venta sin restricciones de alimentos. El 74% está a favor de la asistencia estadounidense al sector privado cubano para ayudar a paliar la crisis humanitaria, y el 70% apoya que las empresas privadas tengan un papel más importante en el suministro de combustible para los hogares.
Además, el 69% está de acuerdo en que Estados Unidos debería hacer hincapié en las políticas destinadas a mejorar el bienestar económico del pueblo cubano.
Estas no son posturas marginales. Demuestran que amplias mayorías apoyan medidas destinadas a ayudar a los cubanos de a pie, aun cuando favorecen mantener la presión sobre el gobierno.
De hecho, el 77% apoya la presión máxima, mientras que el 69% apoya las políticas destinadas a mejorar la situación económica del pueblo cubano.
Ambas posturas no son necesariamente contradictorias. Muchos cubanoamericanos pueden creer que hay que confrontar políticamente al gobierno, mientras que las empresas independientes y los ciudadanos comunes deberían tener mayores oportunidades para mejorar sus vidas.
Pero estas posturas pueden coexistir, lo que plantea un importante desafío político: ¿Puede Washington mantener la presión sobre La Habana sin socavar a las mismas personas a las que dice querer ayudar?
La encuesta no responde a esa pregunta. Sin embargo, sí demuestra por qué los responsables políticos no deberían asumir que el apoyo a una política de línea dura hacia Cuba se traduce automáticamente en oposición a la ayuda humanitaria.
La diplomacia no ha desaparecido.
Los hallazgos sobre relaciones diplomáticas y negociaciones complican aún más la imagen de una comunidad uniformemente intransigente.
El 58% está a favor de mantener relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba. El 48% apoya la negociación con miembros influyentes del liderazgo cubano, y el mismo porcentaje se inclina por la mediación internacional.
Aún más significativo es que el 67% aprueba la flexibilización de las sanciones a cambio del establecimiento de una economía de libre mercado en un plazo de dos años.
Estos resultados sugieren que una parte sustancial de la comunidad está dispuesta a considerar la participación condicional si esta produce un cambio económico significativo.
La encuesta también revela que el 46% aprueba una transición en la que el gobierno actual permanezca en el poder hasta que se celebren elecciones multipartidistas. Por otro lado, el 51% apoya un sistema multipartidista en el que se permita la participación del Partido Comunista.
Estas no son declaraciones que respalden el sistema político cubano vigente. Son indicios de que los encuestados discrepan sobre cómo debería desarrollarse una transición y si las negociaciones podrían contribuir a que se concrete.
Las opiniones sobre la libertad de viajar sin restricciones para todos los estadounidenses están casi divididas a partes iguales, con un 51% a favor y un 49% en contra.
En conjunto, los resultados sugieren que, si bien la confrontación sigue siendo el instinto dominante, la diplomacia y el compromiso condicional conservan un lugar en el pensamiento de la comunidad.
El embargo sigue siendo popular, pero no universalmente.
Entre los encuestados que expresaron una opinión, el 61% está a favor de continuar con el embargo estadounidense. Si se incluyen quienes respondieron «No sé», el apoyo desciende al 56%.
La división partidista es marcada. El 79% de los republicanos está a favor de continuar con el embargo, mientras que solo el 23% de los demócratas lo apoya.
Estas cifras refuerzan la estrecha relación entre la política hacia Cuba y la identidad política. Para muchos republicanos, mantener el embargo es un elemento esencial para oponerse al gobierno cubano. Los demócratas, en cambio, son mucho más propensos a rechazar este enfoque.
Sin embargo, los resultados generales también sugieren que el apoyo al embargo no debe confundirse con la oposición a cualquier forma de diálogo. La mayoría está a favor de mantener relaciones diplomáticas, y amplias mayorías apoyan la venta sin restricciones de alimentos y medicinas.
La distinción entre mantener la presión económica y permitir que operen los canales humanitarios o diplomáticos es fundamental para comprender la encuesta.
Los lazos familiares siguen conectando el sur de Florida con Cuba.
A pesar de décadas de distanciamiento político, los lazos personales entre los cubanoamericanos y la isla siguen siendo extraordinariamente fuertes.
El 71% de los encuestados tiene familiares cercanos en Cuba. Esa proporción aumenta del 63% entre quienes emigraron antes de 1995 al 92% entre quienes llegaron después de 2020.
El sesenta por ciento envió alimentos u otros bienes a la isla durante el año anterior, mientras que el 45% envió dinero.
Estas cifras ofrecen un importante contrapunto a los resultados de la encuesta sobre la confrontación política. La relación entre el sur de Florida y Cuba no es simplemente una historia de oposición ideológica. Es también una historia de familias, obligaciones y vínculos personales que perduran a través del estrecho de Florida.
Esos vínculos ayudan a explicar por qué las medidas humanitarias reciben un amplio apoyo incluso entre los encuestados que favorecen una política agresiva hacia La Habana.
Al mismo tiempo, la perspectiva de regresar a Cuba sigue siendo remota para la mayoría de los encuestados. El setenta por ciento afirma que sería improbable que volvieran a vivir en la isla incluso si su economía mejorara. El sesenta y tres por ciento dice que seguiría siendo improbable que regresaran si Cuba sufriera un cambio político.
Por lo tanto, la mejora económica y la transformación política no revertirían automáticamente décadas de migración ni persuadirían a la mayoría de los cubanoamericanos para que volvieran a hacer de la isla su hogar.
La inmigración es otro punto de desacuerdo con Washington.
La encuesta también identifica un área en la que los cubanoamericanos se oponen firmemente al enfoque de la administración.
El setenta y seis por ciento desaprueba el aumento de las deportaciones de ciudadanos cubanos sin antecedentes penales, incluyendo un 63% que lo desaprueba rotundamente.
Mientras tanto, el 87% está de acuerdo en que el gobierno debería reanudar la tramitación de las prestaciones migratorias para los cubanos que ya se encuentran en Estados Unidos.
Estos hallazgos son importantes porque demuestran que un fuerte apoyo al Partido Republicano y una política de línea dura hacia Cuba no se traduce necesariamente en apoyo a todas las medidas de inmigración.
Para una comunidad con fuertes lazos familiares con la isla, la política migratoria tiene consecuencias directas y personales. Los resultados sugieren que muchos cubanoamericanos distinguen entre oponerse al gobierno cubano y apoyar la deportación de cubanos sin antecedentes penales.
Esa distinción merece ser tomada en cuenta en Washington, sobre todo porque la aplicación de las leyes de inmigración sigue siendo un tema político importante.
Los republicanos conservan una ventaja política sustancial.
La encuesta también ofrece una visión general del panorama político de cara a las elecciones de Florida de noviembre de 2026.
Entre los votantes registrados, el 53% se identifica como republicano, el 27% como independiente y el 18% como demócrata. Los encuestados más jóvenes presentan una distribución más equitativa: entre los menores de 40 años, el 40% se identifica como republicano, el 34% como independiente y el 24% como demócrata.
La ventaja republicana se refleja en las elecciones estatales. Entre los encuestados que nombraron a un candidato para la contienda por el Senado de EE. UU., la republicana Ashley Moody aventaja a la demócrata Angela Nixon con un 51 % frente a un 26 %. Sin embargo, el 44 % de la muestra total permanece indecisa.
En la contienda por la gobernación, el republicano Byron Donalds aventaja al demócrata David Jolly con un 60% frente a un 24% entre los encuestados que nombraron a un candidato, mientras que el 39% de la muestra total permanece indecisa.
El sesenta y ocho por ciento afirma que votaría por el candidato republicano que se presenta en su distrito electoral.
De cara al futuro, el 58% favorece a Marco Rubio para la nominación presidencial republicana en 2028, mientras que el 54% afirma que no apoyaría a ningún demócrata.
Estos resultados demuestran la continua fortaleza del Partido Republicano entre los votantes cubanoamericanos del sur de Florida. Sin embargo, el elevado porcentaje de indecisos en ambas contiendas estatales advierte que no se debe considerar esta encuesta como un pronóstico electoral definitivo.
La administración también recibe un apoyo sustancial en política exterior. El 66% aprueba su gestión de Cuba, el 68% la de China, el 64% la de Rusia y el 60% la de las relaciones con Israel. El 57% aprueba la acción militar estadounidense contra Irán.
En cuanto a la economía, las opiniones de los encuestados están divididas a partes iguales, con un 50% que aprueba la gestión del gobierno.
Este hallazgo es importante porque la economía y la atención médica se consideran los dos temas más importantes para la comunidad, con puntuaciones de 4,78 y 4,73, respectivamente, en una escala de cinco puntos. La inmigración obtiene 4,35 puntos, seguida de la política hacia Cuba con 4,18.
Cuba sigue siendo importante, pero no es el único tema que moldea las prioridades de la comunidad.
Una comunidad unida por su objetivo, dividida por los medios.
Quizás la lección más útil de la encuesta sobre Cuba de la FIU de 2026 es que a los cubanoamericanos no se les puede entender a través de una sola etiqueta política.
Los republicanos y quienes llegaron antes de 1995 expresan el mayor apoyo a la presión máxima, el bloqueo petrolero y la acción militar. Los demócratas, por su parte, muestran el menor apoyo a estas medidas. Los encuestados menores de 40 años y los nacidos fuera de Cuba se muestran más receptivos a las negociaciones con el gobierno de La Habana.
Sin embargo, independientemente de las afiliaciones partidistas, la mayoría apoya la venta de medicamentos a Cuba, la reanudación de los beneficios migratorios y la asistencia al sector privado de la isla.
Esas posturas comunes merecen tanta atención como las discrepancias.
Los resultados de la encuesta no indican que los cubanoamericanos hayan atenuado su oposición al gobierno cubano. Tampoco demuestran que la comunidad haya llegado a un consenso sobre qué debería reemplazar la política actual.
En cambio, revelan una comunidad que, en general, coincide en el resultado deseado, pero sigue dividida sobre la vía más eficaz para lograrlo.
Para Washington, esa distinción debería importar.
Si el objetivo es el cambio político en Cuba, los responsables políticos deben afrontar una pregunta fundamental: ¿Es probable que las políticas que se están aplicando produzcan ese cambio, o corren el riesgo de prolongar un estancamiento mientras los cubanos de a pie siguen sufriendo?
La encuesta de la UIF no puede determinar qué estrategia tendrá éxito. La opinión pública por sí sola no puede establecer si las sanciones, las negociaciones, la asistencia humanitaria o alguna combinación de enfoques lograrán la transformación política.
Pero los resultados dejan una cosa clara: el apoyo a la confrontación con el gobierno cubano no elimina la demanda de políticas que ayuden al pueblo cubano.
Una política que reconozca ambas realidades no requeriría abandonar el objetivo del cambio político. Requeriría examinar si los medios empleados son compatibles con ese objetivo.
La encuesta de FIU sobre Cuba de 2026 ofrece a Washington la oportunidad de mirar más allá de la imagen habitual de un electorado cubanoamericano uniformemente intransigente. Detrás de esa imagen se esconde una comunidad con fuertes convicciones, lazos familiares duraderos y opiniones diversas sobre los costos y las posibilidades de la política estadounidense.
Comprender esas distinciones es esencial para entender no solo la política cubanoamericana, sino también el debate continuo sobre el futuro de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.
Para consultar los resultados completos de la encuesta, haga clic aquí para acceder a la Encuesta FIU Cuba 2026. Este artículo se elaboró utilizando inteligencia artificial (IA) e información de la encuesta.
(Tomado de ProgresoWeekly)


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