Cuba debería tomar nota

Yuliet Teresa /La Habana

Lula volvió a ganar en 2026. Y lo que pasó en esta campaña debería estudiarse en todas las escuelas de comunicación política. En la primera vuelta quedó detrás de Flávio Bolsonaro (45,15% vs 47,03%). Pero en la segunda remontó y ganó con 51,79% frente a 48,21%. Algo que no ocurría en Brasil desde los años 80.

Quiero lanzarme con algunas ideas que, pienso, marcaron las reglas del juego a favor de Lula:

📍El diputado André Janones creó el canal «Ejército de Lula» en WhatsApp, que pasó de 50 mil a más de 10 millones de seguidores en pocas semanas. Lo importante no fue solo el número, sino el cambio de estructura organizativa: no dependía de la burocracia del PT, sino que movilizaba directamente a personas comunes, jóvenes e incluso votantes no petistas.

📍Lula, después de la primera vuelta comenzó a publicar videos verticales en formato selfie, hablando directamente a la cámara con un tono coloquial sobre propuestas concretas. Este cambio de formato fue mucho más efectivo que los discursos institucionales. Él mismo bromeó diciendo que se estaba convirtiendo en «rey de los selfis».

📍En la primera vuelta, el equipo de Lula hablaba demasiado de «democracia» y «soberanía», conceptos importantes pero abstractos. En la segunda vuelta, el foco se trasladó a temas concretos como seguridad, programas sociales y derechos laborales. Esta estrategia funcionó especialmente bien en estados clave como Minas Gerais, logró remontar y ganar por más de 1,1 millones de votos en ese estado.

📍La campaña apuntó específicamente a los 30 millones de votantes que no votaron en la primera vuelta, logrando que la tasa de abstención general descendiera del 21% al 19%. Solo en la segunda vuelta, obtuvo 10,3 millones de votos más que en la primera, mientras que Flávio solo sumó 3,7 millones.

📍La campaña de 2026 fue esencialmente una «despetización». El equipo central no fueron los cuadros del PT, sino Janones y un grupo de diputados jóvenes expertos en manejo de redes.

Estoy segura de que el caso de Lula, como en su momento el de Barack Obama, tendrá que ser esencial para comprender la comunicación política en todos los terrenos. Cuba debería tomar nota.

(Tomado de el Facebook de la autora)

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