Gerardo Arreola /México
Para María Corina Machado la vencida no fue la tercera, sino la octava. Siete veces antes quiso regresar a Venezuela, pero decisiones opacas o averías sorpresivas frustraron vuelos y arreglos logísticos.
Este domingo terminó su exilio de diez meses entre manifestaciones populares, porque, como también muestran las encuestas, su capacidad de convocatoria todavía es muy alta.
Así como no pudo abordar aviones o embarcaciones, ahora tuvo el paso libre por decisión del gobierno de Estados Unidos.
El secretario de Estado, Marco Rubio, confirmó la cadena de mando, con un mensaje en el que describió el regreso de Machado como “resultado directo de las conversaciones de reconciliación apoyadas por Estados Unidos”.
Así se refirió a la mesa negociadora entre el gobierno, representado por Jorge Rodríguez (presidente de la Asamblea Nacional y hermano de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez) y la oposición, encabezada por Dinorah Figuera (presidenta de la Asamblea Nacional de 2015, de mayoría opositora).
¿Por qué Estados Unidos accedió al regreso de la lideresa opositora ahora y no antes? Una hipótesis es la cercanía de las elecciones intermedias. Hay señales de que los republicanos han salido a reunir votos hasta en los nichos más reducidos.
Si esta suposición es válida, el intento republicano es por una exigua porción de votos, unos 170 mil o cerca del uno por ciento del electorado hispano, en su mayor parte en Florida, según los datos de 2024.
Ese año había cerca de 1.2 millones de personas de origen venezolano en Estados Unidos. Era resultado de un crecimiento en cinco años de 119 por ciento, el más veloz entre los migrantes hispanos, de acuerdo con Pew Research Center.
No todos buscan la ciudadanía estadounidense, por diversas causas. Pero hay un elemento cualitativo en este caso. Entre los que ya son ciudadanos y pueden salir a la calle y levantar la voz, estalló en los últimos meses un reclamo contra las redadas del Control de Inmigración y Aduanas (ICE).
Una coalición de estadounidenses de origen venezolano exigió al congresista Mario Díaz-Balart, uno de los de ascendencia cubana, que intervenga para frenar la ofensiva del ICE, fuente de terror en sus comunidades.
Otra suposición es que Donald Trump o Rubio ya habían decidido permitir el regreso de Machado en ruta hacia unas elecciones. El punto ha sido dominante en la mesa gobierno-oposición.
En la Asamblea General de Naciones Unidas, uno de los anuncios que hizo Delcy Rodríguez fue el de unas elecciones “en igualdad de condiciones para todos”, aunque en un plazo indeterminado.
Una tercera explicación posible es que el regreso de Machado encaja en el plan declarado de Trump y Rubio: estabilización, recuperación, transición. Sólo que nadie conoce qué indicadores o plazos corresponden a cada etapa.
Cualquiera que fuera el factor que permitió el regreso de Machado, o una combinación de las posibles causas, ahora su presencia en territorio venezolano cambia el escenario y genera desafíos en todos los flancos.
No está claro si María Corina y su partido tendrán todo el espacio legal e incluso condiciones de seguridad. Pero su suerte ya no es sólo asunto de los Rodríguez, sino también de Trump y Rubio.
Ella ha criticado su ausencia en la mesa negociadora, que se verá en el predicamento de invitarla, concertar algún tipo de puente o abrir un foco de tensión si la mantiene excluida.
La administración de los hermanos Rodríguez tiene que tolerar el regreso de la lideresa, pero no necesariamente lo recibe con simpatía. El domingo los medios oficialistas no habían dedicado ni una línea, ni un segundo al caso.
Machado rechaza la inclusión del empresario Alejandro Betancourt en la industria petrolera y lo señala por “corrupción obscena”. Pero este personaje es el hombre de Trump en el esquema extractivista al que la Casa Blanca conduce a Venezuela.
La fecha electoral, en fin, vuelve a ser un foco de atención en el país. La disputa por el calendario reflejará prioridades y la convertirá en una contienda adelantada por un poder que, por ahora, no es más que la administración remota de las decisiones de Washington.
(Publicado antes en Reforma)


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