Reloj
Entre el cañonazo de las nueve y la legendaria hora en que mataron a Lola, los apagones imponen una nueva rutina a los cubanos: madrugar para cocinar, lavar y cargar los dispositivos eléctricos.
Aurelio Pedroso/La Habana
Dos de ellas son inseparables del habla popular y no dudo sean también del vocabulario intelectual: el cañonazo de las nueve y aquella en que mataron a Lola.
La primera, que se mantiene como tradición, es la estampida de una salva de cañón antitanque en la fortaleza de La Cabaña que anunciaba en otras épocas coloniales el cierre de las murallas en la villa de San Cristóbal de La Habana.
La segunda, entre leyenda y realidad, nace por la crónica roja hasta con guarachita musical y también cuando era entonada por la radio, con melodía de la Guantanamera, el trágico suceso de aquella famosa prostituta y bailarina murciana llamada Dolores Oropesa que según cuentan los historiadores callejeros era pródiga en piruetas horizontales en la cama allá por los años 30s del siglo pasado.
Tuvo tanto arraigo en la población que, hasta el mismo presidente de la República por dos ocasiones, Ramón Grau San Martín (1933-34 y 1944-48), durante un discurso público miró su reloj para exclamar:
-¡Coño, las tres de la tarde, la hora en que mataron a Lola!
Casi al mismo tiempo, por tierras españolas, sería el compositor y cantante Antonio Machín (Angelitos negros, Toda una vida) quien se encargaría de popularizarla.
Hay una tercera hora que ya apunta a memorable, pero es personal, conocida sólo por los vecinos donde ya es frecuente que la Unión Eléctrica Nacional (UNE) nos mantenga todo en mediodía y noche sin electricidad para restablecerla casi con puntualidad británica a las tres de la madrugada por no más de tres o cuatro horas.
¿Y ello qué significa? Pues a recargar equipos, lavar, cocinar. Todo, menos el descanso reparador.
No sólo quien suscribe, sino también otros bien distantes como un afamado humorista apodado El gordo, que con fino y punzante gracia acaba de llevar a Facebook sus impresiones de momento tan aciago.
Pase usted una mala noche jornada tras jornada y verá cómo al salir el sol se ha convertido en una réplica del hombre lobo con disgustos, malas respuestas hacia los demás, agresividad no disimulada y sin deseos de hacer absolutamente nada de nada.
Menos mal no soy cirujano, sino periodista que cargaré con la incapacidad de organizar una oración con sujeto y predicado.
El Cañonazo, Lola y las turbulentas tres de la madrugada…
(Tomado de El Boletín)


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