LO INSÓLITO

Manuel Juan Somoza/La Habana

Hoy tengo agua en el grifo y electricidad, lo que equivale a un paréntesis en el ahogo impuesto por Washington a fin de lograr la “caída del régimen comunista”, porque esta isla casi sin dinero y sin recursos constituye –dicen allá—“un peligro para la seguridad” de la principal potencia militar del planeta.

Y como vivimos tiempos insólitos, acabo de conocer, además, la invitación hecha por el secretario de Estado Marco Rubio: “Aprovechen esta oportunidad (cubanos)para crear el cambio que desean a través de una asociación discreta con la CIA”.

Acto seguido, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) reprodujo un video con instrucciones en español para que militares de alto rango y personas con información de interés puedan contactar a sus agentes.

Quizá aquí, alguien intente comprar ese comercial –hay de todo—y desconozco cuál podría ser el sentir, ante tal publicidad, de quienes se toman en serio la labor de inteligencia en defensa de los intereses de ese imperio. No lo sé, divago.

Sin embargo, lo que sí me consta, es que entre cubanas y cubanos lo que ha prevalecido es la burla (la jodedera) al mejor estilo de un país que no pierde las ganas de reír, aunque viva con la lengua afuera, amenazado de muerte desde enero:

“Tengo la respuesta a uno de los secretos de Estado mejor guardados por la dictadura; ¿cuánto me pagarán por decirles la edad de Irela Bravo?”, dice en guasa una de las propuestas presuntamente hechas a la CIA, en relación con una artista cubana que se ha hecho conocida por siempre encubrir su edad, más que por sus capacidades histriónicas.

Así van las cosas en esta jornada con electricidad, al menos en mi barrio, unas 24 horas después de que, en Brasil, Lula volviera a ser elegido presidente, privando a Donald Trump y a Marco Rubio del deseo de sumar a su colección de adeptos a la principal potencia suramericana.

Y el miércoles, si no recuerdo mal, será sometida a votación en Naciones Unidos, una vez más, la justeza o no de que Estados Unidos mantenga invariable y desde enero acentuada — hasta con reclutamientos públicos de la CIA– su guerra económica contra este país.

Será otra acción estéril desde el punto de vista práctico. Washington lleva 30 años desconociendo el reclamo mayoritario de los gobiernos del mundo en la ONU en cuanto a poner fin a esa política contra el país. No está legalmente obligado a aceptarlo y si lo estuviera, es sabido que también haría caso omiso.

Entonces, lo interesante para el futuro inmediato de Cuba será saber cuántos gobiernos mantendrán su rechazo, quiénes se sumarán a aplaudir a Washington y, sobre todo, los que se abstendrán de votar o saldrán apurados del plenario para ir al sanitario en ese momento

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