Billetes de dólares estadounidenses sobre varias herramientas.
En la Cuba de hoy, dólares y euros imponen su ley mientras el peso cubano pierde valor y la supervivencia cotidiana se convierte en un desafío para quienes no tienen acceso a divisas.
Aurelio Pedroso/La Habana
Raro, pero que muy raro que en la Cuba de hoy no te impongan el pago en divisas ante múltiples servicios.
Y ni se le ocurra comentar ante el carpintero, electricista o plomero (fontanero) que usted tiene parientes en el amplio territorio español porque como saben algo de geografía, la factura vendrá en euros.
Aumenta cada día la precipitada por la moneda fuerte. En Cuba, hoy por hoy, gobiernan dólares y euros. Son los que marcan las pautas de la despensa familiar, los que deben enfrentar casi todas las contrariedades en casa y en la calle incluyendo dependencias gubernamentales que ya les falta poco por colocar un aviso de que “exigimos sobornos”.
Si tienes, bien; si no, el reto estará en la moneda nacional, que aún nuestra economía permanece en terapia intensiva con peligro para la vida. Nada más ilustrativo que la necesidad de poner en circulación billetes de 10.000 y 20.000 pesos cuando una pensión no supera los 2.000.
Lo saben por las claras quienes llevan negocios privados. Desde hace muy poco tiempo, en las cartas menú ya aparecen los precios en dólares. Usted pregunta por el coste en pesos cubanos y le responden:
-A como esté hoy el cambio.
Ya quisiera saber cómo viven y solucionan sus problemas esos ilustres que nos anuncian que la dolarización es parcial.
Ojalá nunca llegue la total. Estaríamos entonces renunciando al español, mascando el insoportable chicle, despidiéndonos con ese insignificante e insonoro “bye” y escuchando desde las alturas: “paciencia, que estamos ganando”.
(Tomado de El Boletín)


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