Foto IPS/Cuba
Durante una década, los hoteles fueron el principal destino del capital. La red eléctrica y la agricultura recibieron una fracción mucho menor.
Ricardo Torrres /Washington
Entre 2014 y 2025, el volumen de inversiones se multiplicó por 29 en pesos corrientes y el PIB nominal por 15,5. El PIB real cayó 15% desde 2019. La relación inversión/PIB pasó del 5,9% al 11,1%. Solo en 2025, la inversión subió 40% hasta 139 475 millones de pesos, más del doble del PIB nominal (15,5%), mientras el gobierno estimaba una contracción real de 4,2%. Los precios no lo explican todo. A precios constantes, la formación bruta de capital fijo creció un 30% entre 2014 y 2024, y su peso en el PIB real subió del 11,2% al 16,3%.
La divergencia tiene una excepción. Entre 2021 y 2024, la inflación hizo crecer el PIB nominal (+99%) más que la inversión (+69%). El resto del período confirma la tendencia: la inversión se duplicó entre 2014 y 2019 con un PIB real plano, saltó en 2021 con la revalorización de equipos importados tras la Tarea Ordenamiento y volvió a acelerarse en 2025. En 2026 la inversión siguió creciendo más que la economía. Entre enero y junio, la del sistema empresarial y presupuestado sumó 57 957 millones de pesos, 4,2% más que un año antes. En el mismo período, las ventas de las empresas cayeron un 30,7% en términos nominales

Los números que no cuadran
Entre 2015 y 2024, los hoteles y su inmobiliaria asociada absorbieron 36,4% de toda la inversión del país. La electricidad, el gas y el agua recibieron 10,3%; la agricultura, 3,9%; y la salud y la educación, juntas, 3,1%. Por cada peso invertido en el sistema eléctrico, el 3,5% se destinó al complejo turístico-inmobiliario. En 2020, con los aeropuertos cerrados, ese complejo representó el 47,6% del total. En 2024 se invirtió en hoteles e inmobiliarias 10 veces más que en agricultura, en un país que importa la mayor parte de sus alimentos.
La demanda turística iba en sentido contrario. Cuba recibió 1 810 663 visitantes internacionales en 2025, la cifra más baja desde 2002 si se excluyen los años de pandemia. Entre enero y septiembre de 2025, la ocupación hotelera promedió 18,9%. Hasta agosto de 2026 llegaron 450 353 visitantes internacionales, 64% menos que un año antes. En julio, Meliá, Iberostar y Barceló confirmaron su salida de la isla.
Las viviendas muestran el mismo patrón. El valor de la construcción y el montaje se duplicó entre 2021 y 2025, mientras que las viviendas terminadas cayeron de 20 232 en 2022 a 5 493 en 2025.
¿Por qué invierte tanto una economía que no despega?
En la crisis de los noventa, la tasa de inversión fija se desplomó del 24% del PIB en 1990 a menos del 9% en 1994. El ajuste sacrificó el crecimiento futuro para proteger, en parte, el consumo. Esta vez, el esfuerzo de inversión se duplicó mientras el consumo de los hogares y el mantenimiento de la infraestructura básica se desplomaban. Hay al menos tres factores detrás de este comportamiento.
El primero es que la inversión no pasa por ninguna prueba de rentabilidad. Las grandes decisiones dependen del plan y de los grupos de poder que lo dominan. Los proyectos se financian con déficit fiscal monetizado y con divisas que nunca ingresan a la caja común. Nadie paga el costo de capital ni responde por un hotel vacío. Es la restricción presupuestaria blanda en su forma más pura.
El segundo se refiere a los precios relativos. La inversión es intensiva en equipos importados y materiales de construcción, que se encarecieron más que el resto de la economía debido a la devaluación de 2021 y a la tasa de cambio de 120 pesos por dólar. La ONEI reconoce que la Tarea Ordenamiento alteró los agregados de manera desigual. Aun así, las series a precios constantes muestran que el precio explica solo una parte del efecto.
El tercero es quien decide. GAESA obtiene divisas de las remesas, las tiendas en dólares, la logística y el turismo. Es muy probable que buena parte de esos ingresos se haya canalizado hacia las prioridades del propio grupo. Esa inversión responde a la lógica de acumulación de activos del conglomerado, no a la rentabilidad de los proyectos.
La peculiar asignación de los recursos
Las otras grandes apuestas comparten un rasgo: el principal ejecutor o beneficiario es una empresa del sector militar. La Zona Especial de Desarrollo Mariel, con la terminal de contenedores operada por Almacenes Universales, concentró durante años una parte importante de la inversión en infraestructura. Generó unos 15 000 empleos, a un costo de más de 66 000 dólares por puesto, en el extremo superior de los costos registrados internacionalmente. El Trasvase Este-Oeste, iniciado en 2005 con la Unión de Construcciones Militares, superaba los 1 000 millones de pesos ejecutados para 2022. Poco se sabe sobre las tierras que debía irrigar.
En ese contexto, el sistema eléctrico quedó relegado. En 2015, Rusia aprobó un crédito de 1 200 millones de euros para cuatro bloques termoeléctricos de 200 MW cada uno. Cuba nunca lo usó porque no reunió el aporte propio del 10%, equivalente a unos 120 millones de euros. En esos mismos años se construyeron decenas de hoteles de alta gama. Desde octubre de 2024, la red nacional ha colapsado por completo en varias ocasiones.
En 2025 la estructura cambió. La inversión en electricidad se multiplicó por 3,9, hasta alcanzar 49 344 millones de pesos, y por primera vez en una década superó al complejo hotelero: 35,4% frente a 22,5%. El giro llegó tarde, con los apagones ya instalados. Sin almacenamiento suficiente ni una red capaz de absorber los más de 1 300 MW de energía solar instalados, a mediados de 2026 apenas se aprovechaban 580 MW.
El primer semestre de 2026 no confirma un cambio de prioridades. La electricidad mantuvo su peso (34,2%), pero hoteles e inmobiliarias pasaron de 21,7% de la inversión en el primer semestre de 2025 a 25,7%, con las grandes cadenas ya fuera del país y la ocupación en mínimos. La agricultura bajó a 2,0%.
Implicaciones para Cuba
La década deja un parque hotelero sobredimensionado y ocioso, en manos de un conglomerado sancionado por Estados Unidos desde mayo de 2026. Las sanciones ya obligan a GAESA a desprenderse de activos, empezando por la terminal de Mariel. Esos hoteles difícilmente recuperarán su costo, y cualquier programa de transformación tendrá que decidir quién asumirá esas pérdidas. La población ya pagó parte de ellas con apagones, alimentos importados y hospitales sin mantenimiento.
La inversión sigue desconectada de lo que la economía necesita. Corregirla exige llevar todos los ingresos del Estado, incluidos los de GAESA, a la caja común, imponer restricciones presupuestarias duras, y abrir la energía y la agricultura al capital privado y extranjero. Solo el sistema eléctrico requiere más de 6 600 millones de dólares, muy por encima de lo que el país puede financiar hoy.
Fuentes: ONEI, Anuario Estadístico de Cuba 2025, cap. 12 | ONEI, series históricas de cuentas nacionales e inversiones | ONEI, Indicadores seleccionados del sistema empresarial y presupuestado, enero-junio 2026 | Torres, «Distorsiones estructurales y reforma económica en Cuba» | Torres, «Sin energía no hay país» (Cuba Study Group) | cálculos del autor
(Tomado de Cuba Economic Review).


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