Manuel Juan Somoza/La Habana
Coincido con el profesor Juan Triana en que “… Para algunos, las 176 medidas han abierto la caja de Pandora y han permitido que escapen todos los males contenidos en ella. Recuerdo, no obstante, que ya esos males existían: inflación, desempleo, pobreza e indigencia, emigración de personas calificadas, reducción drástica de la calidad de vida, corrupción y otros muchos más. Este nuevo esfuerzo por cambiar y las medidas asociadas a él no son un mal necesario. Prefiero verlas, aun cuando pueda discrepar de algunas, como un recurso para evitar que otros muchos males innecesarios nos sigan impidiendo avanzar”.
Y ese certero y bien argumentado enfoque (El pesado fardo de la frase “un mal necesario”, OnCuba, 14 octubre 2026), me lleva a una pregunta que vengo haciéndome desde hace tiempo sin tener respuesta conclusiva, aunque considere que de ella depende la soberanía nacional y la libertad con la que Cuba pueda optar por el modelo de sociedad que propicie el mejor vivir que merecen las cubanas y cubanos de la isla.
¿Es posible levantar un tipo de sociedad (póngale el apellido que quiera: socialista de mercado o al estilo vietnamita o socialista a la cubana) a 45 minutos de vuelo de la Unión Americana, cuando Washington actúa hoy hacia Cuba “desde la inquina visceral” de los llamados cubano-americanos de derecha, como apunta Triana; cuando la evidencia indica que esa política de asfixia proseguirá sea cual sea el resultado de las elecciones de medio término en EU; y cuando, además, nadie puede descartar que el conservadorismo fascista de estos tiempos vuelva a imponerse en las futuras presidenciales de Estados Unidos?
Al igual que dicen los mexicanos estamos muy lejos de Dios y demasiado cerca de EU, y los factores geográfico e histórico , a mi entender, son determinantes. No por casualidad Cuba fue una especie de protectorado de la Unión hasta 1959.
Con sus luces y sus sombras, hasta los años 90 del siglo pasado se pudo mantener el rumbo trazado, entre otras razones, por un liderazgo y una mística capaz de mover montañas, por el respaldo y sostén de la URSS y el campo socialista europeo, y por el error estadounidense de insistir en que de un manotazo podía acabar con la Revolución cubana. Después triunfó Chávez en Venezuela, se abrió otra correlación de fuerzas en América Latina, se supuso que se contaría con otro respaldo exterior -como ocurrió por algún tiempo- y se detuvieron las reformas iniciadas en la crisis de los 90.
Los tiempos han cambiado, pero la geografía y la historia, ¡NO!
Entonces, seguiré buscando respuesta a la pregunta que despertó el profesor Triana, mientras quedan atarás cuatro días con más luz que tinieblas en mi bario y también nosotros nos adentramos en la estremecedora oscuridad que anuncian los 900 megawatts de generación eléctrica previstos para hoy.


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