A falta de esparadrapo, una cinta adhesiva.
La escasez de material sanitario y los constantes apagones obligan a los profesionales de la salud en Cuba a recurrir al ingenio y la improvisación para seguir atendiendo a sus pacientes.
Aurelio Pedroso/La Habana
Sin el menor asomo de chovinismo, sino apoyado en historia consumada, se puede asegurar que no pocos de los profesionales de la salud en Cuba están muy bien preparados para actuar en situaciones de extrema urgencia.
Y ahora mismo es el caso gracias al plan de exterminio ideado por la Casa Blanca y la imposibilidad monetaria de adquirir lo necesario para salvar una vida.
Muy fuera de los planes académicos, lo han aprendido, generación tras generación, en las limitaciones a las que han debido enfrentar en el día a día, mes tras mes, año tras año.
Un serrucho de carpintería, una bolsa de supermercado que reza “vuelva pronto”, una linterna recargable, una presilla que une varios folios, una navajita de corta-uñas y hasta una cinta adhesiva para embalaje han sido utilizadas como apoyo asistencial ante la ausencia de lo que dictan los manuales.
El serrucho lo debieron emplear durante la misión guerrillera del Che en el Congo. También al calor de los combates contra fuerzas mercenarias durante la invasión de Playa Girón o Bahía de Cochinos como también se le conoce.
La bolsita o “javita” como sustituta del recolector de orina en trastornos urológicos.
La linterna ha sido muy socorrida en estos tiempos de apagones en centros asistenciales que aún carecen de paneles solares. En más de un caso, durante una intervención quirúrgica.
La cinta adhesiva o “scotch”, que ilustra estos apuntes, fue empleada a falta de esparadrapo con un amigo que requirió una operación de urgencia.
Esa presilla que muchas veces toma el camino del cesto de basura ha sido, desarmada, instrumento de precisión para extraerle de las fosas nasales un trozo de maní que un menor se introdujo involuntariamente. Preguntarle al doctor Marrero cómo lo logró a través de una llamada telefónica.
Lo del corta-uñas no me lo contaron. Lo viví personalmente cuando el último bisturí se partió en dos y saltó de su base. El corte final fue con la “navajita”.
¿Quién no conoce de alguien con un contratiempo ortopédico y que le hayan “enyesado” el brazo o la pierna con un cartón de huevos?
Amplio el anecdotario que pudieran relatar cualquier médico, enfermera o personal de la salud. En ellos, que no renuncian a su profesión ante otros empleos mejor remunerados, está presente un elevado sentido de supervivencia y voluntad de servir al prójimo.
Que me permita mi colega y compañera Caridad Miranda Martínez parafrasear un título de su cosecha aparecido hace años en la revista Bohemia:
Hombres y mujeres de corazón en pecho.
(Tomado de El Boletín)


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