Respaldo energético en hogares cubanos ¿solución o curita?

La principal vía para adquirir equipos de respaldo o generación energética es mediante compras en plataformas en línea que operan desde el extranjero o emprendimientos que las comercializan dentro del país, generalmente en dólares.Foto: Archivo IPS-Cuba

Sistemas de baterías, generadores y estaciones de carga se afianzan como las vías de respaldo energético para sostener actividades domésticas en la crisis energética cubana.

Redacción IPS Cuba 

La Habana,  14 oct.- El uso de baterías, generadores y otros equipos de respaldo energético es para hogares cubanos como el de Nuria Ferrer, de 62 años, “la única manera de tener algo de normalidad”, cuando el déficit de generación del monopolio estatal Unión Nacional Eléctrica (UNE) supera la mitad de la demanda diaria desde hace meses.

Los sistemas de respaldo energético son todos los equipos que proporcionan una fuente alternativa cuando falla la red principal, independizando al hogar hasta que esta se restablezca. Pero cuando el servicio de electricidad del único proveedor es de apenas tres horas diarias y hasta menos, las viviendas necesitan independizarse más que un apoyo.

Nuria, quien vive en La Habana, la provincia más protegida por las autoridades, adquirió a mediados de 2025 como primer equipo un generador alimentado por diésel, cuando los cortes eléctricos incrementaron su frecuencia en la capital y ya eran habituales en el resto de las provincias del país de 9,4 millones de habitantes.

Entonces esperaba que la situación no se agravara y asumió como temporal el gasto en combustible, de un litro por hora de uso.

La escalada de sanciones impuestas por Estados Unidos a inicios de 2026 empeoró la crisis energética y encareció el combustible, lo que imposibilitó esta alternativa. A raíz de ello, se aceleraron los planes de transición energética a fuentes renovables, involucrando al sector no estatal.

Estudios apuntan a que se estarían generando también modelos de respaldo que solo almacenan energía sin generar y, por tanto, sin aliviar el sistema eléctrico en crisis. La mayoría de la población no puede acceder por sus medios a estas tecnologías y depende de pequeños equipos recargables para el día a día, como baterías para teléfonos y lámparas.

Paliativos para el sector doméstico

Aunque existen distintas variantes, en el contexto de crisis energética cubana predomina el almacenamiento en baterías o estaciones de energía portátiles, de las marcas EcoFlow, Bluetti u Oupes, abastecidas con el limitado servicio de la UNE, paneles solares o ambas.

A pesar de tener un costo superior al respaldo en baterías fijas, las estaciones de energía portátiles ofrecen una instalación más sencilla para muchas familias y permiten trasladarlas para su recarga. Son llamadas usualmente por el nombre de la marca EcoFlow.

Los generadores tradicionales de combustibles fósiles, conocidos aquí como plantas eléctricas, fueron la salvación para las familias de provincias diferentes de La Habana, donde los apagones son graves desde 2022. Hoy resulta excesivamente caro hacerlas funcionar por los altos precios del diésel desde enero último.

“Hemos pasado por todas las alternativas. Primero tuvimos un generador, luego una batería y ahora un EcoFlow de 1500 watts y un panel solar de 400 watts, que envió nuestra hija desde el extranjero”, comenta Jorge Valdés, esposo de Nuria, para quien esta no es una solución económica.

Jorge cuenta que el gasto resulta descomunal para el bolsillo promedio: el generador rondó los 400 dólares mientras que la batería y los paneles sumaron 1 500 dólares. En Cuba, donde el mayor empleador es el Estado, el salario promedio mensual equivale a 10 dólares según las diferentes tasas vigentes.

Durante un día nublado o antes de adquirir el panel, tenía que esperar al restablecimiento del servicio o llevar la batería a otro lugar para recargarla, explica Jorge. En dichas condiciones, su sistema apenas resiste tres horas utilizando equipos altos consumidores, por ejemplo, una cocina eléctrica o aire acondicionado, algo sostenible solo con una inversión mayor.

Por ello, en emergencias, esta familia usa gas licuado o carbón vegetal para cocinar, mientras recarga las baterías con el generador. “Lo que realmente resolvería el problema es tener electricidad siempre”, opina Nuria. “Lo demás alivia un poco, pero hay que estar siempre pendientes de la carga para cuidar su vida útil o no quedarnos en 0% a media noche”, detalla.

Varias alternativas por algo de energía

Hoy diferentes tecnologías coexisten en hogares con sistemas híbridos, donde se genera energía mediante combustibles fósiles y sistemas fotovoltaicos o se almacena directamente desde la red de la UNE.

Medidas por parte de las autoridades como otorgar créditos para la compra e instalación de equipos y sistemas vinculados a las fuentes renovables de energía, la excepción de impuestos a su importación y comercialización, convirtieron al sector privado en el de mayor crecimiento en este rubro, aliviando el consumo general.

Reportes en la prensa local anunciaron a mediados de año la entrega de paneles solares y estaciones a trabajadores del sector estatal. Uno de los hogares beneficiados es el de Liván Sánchez, cuyo familiar recibió dicho módulo por 70 000 pesos cubanos, unos 100 dólares en las diferentes tasas vigentes, con facilidad de pago en plazos.

Gracias a estaciones de este tipo se pueden conservar alimentos refrigerados, utilizar ventiladores, luces y, si funciona la telefonía fija, acceder a internet para trabajar o comunicarse con familiares. Sin embargo, su rendimiento depende de la capacidad instalada, el manejo de las cargas y la generación solar.

En un escenario cambiante, Jorge y Nuria también valoraron transformar el generador de diésel para que funcionara con gas licuado de petróleo, pero este combustible también se encareció en las zonas de la capital que no cuentan con servicio de gas manufacturado.

Esa es otra vía de generación y que funciona como respaldo energético creada por clientes con el servicio de gas manufacturado, disponible solo en municipios de la capital como La Habana Vieja, Centro Habana, Cerro, Plaza de la Revolución, Marianao y Diez de Octubre.

Las familias con esta posibilidad adquieren generadores a base de gas o transforman los que funcionan a diésel, para generar electricidad con base a este combustible que llega por tubería, a precios aún subsidiados en pesos cubanos y no depende de la red eléctrica para su funcionamiento,

Otra alternativa la ocupa Alejandro Vázquez, de 29 años, quien, a través de una tienda en línea compró cuatro baterías y su sistema complementario que recarga con energía de la red y la suministra automáticamente a la casa al interrumpirse el servicio. Aunque no cuenta con independencia total, permite que funcione al menos su computadora y la conexión a internet que necesita para trabajar.

Tener algún tipo de respaldo energético no garantiza el autoabastecimiento total de los hogares por lo que actividades domesticas altas consumidoras como cocinar se hacen con leña o carbón vegetal.

Otra inversión más

“Compré el sistema por necesidad doméstica, cuando los apagones no eran tan largos. Ahora pienso ahorrar para comprarme un panel solar, pero tenía que invertir en ello porque no podía ganar dinero”, explicó Vázquez, quien además de programar para una empresa extranjera a distancia, también repara equipos electrónicos.

Equilibrar entre necesidades energéticas domésticas y laborales deviene una tarea difícil. Aníbal Águila posee una estación de carga, una batería y tres paneles solares. Aunque su objetivo era suministrar energía a su hogar, acabó utilizándolo también para mantener la cafetería familiar con que subsiste.

“Los días de apagón no solo puedo sostener el negocio, si no que se vuelve la única opción cercana donde las personas pueden tomar un jugo frío (…) El beneficio de la cafetería no paga la inversión, pero al menos se le puede sacar algo”, añadió Aníbal.

Esta necesidad de inversión extra para adquirir respaldo energético y, en algunos casos, pagar el combustible, pone contra las cuerdas a muchas pequeñas iniciativas privadas. Otro gasto que se suma es en protección de los equipos como los paneles solares, que se colocan en azoteas, balcones y hasta ventanas, y son objeto de robos.

Sin embargo, de esta circunstancia emergen otros modelos de negocio que aprovechando la inversión en generación y almacenamiento de energía venden directamente al sistema eléctrico nacional, brindan espacios de trabajo o recarga de equipos eléctricos a la mayoría que no posee estos medios. (2026)

(Tomado de IPS/Cuba)

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