Guerras implacables y templanza energética


Jorge Gómez Barata/La Habana
Templanza, cautela, tregua, armisticio o cese al fuego energético, como quiera que se diga, el respeto por las instalaciones e infraestructuras energéticas ha caracterizado las operaciones de Estados Unidos en su guerra contra Irán: ¿Por qué será?
Lo mismo ocurre con las acciones de respuesta de Irán que no ha atacado las plantas eléctricas de sus vecinos del Golfo Pérsico que colaboran con Estados Unidos; mientras Israel se ha abstenido de actuar contra las instalaciones energéticas de Irán, ni este país lo ha hecho contra la red de 17 centrales termoeléctricas de Israel, ni contra el complejo nuclear de Dimona. Según un comentarista, esa fase de la guerra se ha librado “con guantes”.    
Ni siquiera en el pasado mes de marzo cuando Estados Unidos, atacó a Irán con aviones B-2 Spirit, lanzando 14 bombas GBU-57 y 24 misiles Tomahawk desde submarinos atómicos, fueron atacadas las centrales termoeléctricas que, en número de 100 se distribuyen por la geografía iraní, ni se operó contra la electronuclear de Bushehr.
No ha ocurrido así en la confrontación entre Rusia y Ucrania en la cual, Rusia ha bombardeado instalaciones energéticas ucranianas que, en respuesta, como parte de sus estrategias defensivas, mediante drones y misiles, ha operado contra refinerías de Rusia dañando la producción de ese país cosa que, al parecer cambiará en lo adelante.  
Según la agencia rusa Rusia Today (RT) y otros medios; en una conversación telefónica (lo cual da idea de premura), los presidentes de Estados Unidos y Rusia acordaron una tregua energética que dispone el levantamiento unilateral de las sanciones sobre las ventas de hidrocarburos, impuestas por Estados Unidos a Rusia debido a la guerra en Ucrania.  
Obviamente, en lo acordado entre los presidentes, lo importante es el levantamiento del bloqueo a las ventas de petróleo y derivados rusos en los mercados occidentales, y no los montos que serán ofertados y que, a escala internacional no son significativos.  
Según se dijo: Moscú entregará a Estados Unidos y a otros mercados, unas 300 000 toneladas de combustible diésel; 500 000 toneladas durante el mes de noviembre y un millón adicionales después. En un período no definido ofertará otros tres millones. En total se trata de cinco millones de toneladas. Estados Unidos consume 20 millones de barriles diarios.
Al respecto, el presidente Putin declaró: “Estoy convencido de que esto tendrá un impacto positivo en la economía mundial”. Entre tanto, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski y otros líderes europeos, criticaron el acuerdo, calificándolo con duros epítetos. Como para no quedarse en las palabras, Ucrania atacó una instalación petrolera rusa en la región de Rostov, acción reciprocada con uno de los más devastadores ataques aéreos de toda la guerra que, a su vez, provocó duros comentarios de Trump.
Tales acciones recuerdan que la primera y, hasta ahora, la más importante baja energética de la guerra entre Rusia y Ucrania fueron los gasoductos Nord Stream I y II, una mega infraestructura energética submarina construida por el fondo del mar Báltico que, en septiembre de 2022, siete meses después del inicio de la guerra, fue saboteada y por lo cual, en Hamburgo ha comenzado un juicio contra un ciudadano ucraniano que deberá responder acusaciones al respecto.
No obstante, expertos e investigadores opinan que, dado la magnitud del sabotaje y los medios necesarios para realizarlo, es poco probable que pudiera hacerlo una sola persona sin apoyo  de alguna estructura estatal, militar o de seguridad. Algunos tienden a descartar a Rusia y Alemania que son las perdedoras con el sabotaje.
La cautela de Estados Unidos e Israel, incluye la Isla Kharg, un pequeño islote en el Golfo Pérsico donde se ha fomentado una terminal receptora y la mayor instalación para la exportación de crudo del mundo, por la cual circula entre el 90 y el 95 por ciento del petróleo exportado por Irán que ha sido preservada de los ataques aéreos.
Lo que hace meritorio el tratamiento de los beligerantes a las instalaciones energéticas es que, probablemente más que blancos militares, las consideren como  entidades civiles, imprescindibles para la vida. El avance hacia la tregua energética es un hecho positivo. La energía, especialmente la electricidad y los combustibles, son de vida o muerte para las sociedades modernas que dependen de ellos para vivir.
Los hospitales, bancos de sangre, almacenes refrigerados para alimentos y medicamentos se paralizan no sólo cuando son destruidos con bombas, sino cuando se les priva de electricidad para funcionar. Las comunidades son condenadas al hambre cuando no se les permite producir porque la maquinaria agrícola y las instalaciones de riego carecen de combustibles para trabajar.
El bloqueo energético total, como el que durante todo el presente año Estados Unidos, ha impuesto a Cuba, es una forma de castigar y matar, no a soldados que tampoco deberían morir en frentes de batalla, sino a comunidades enteras. En días recientes conocí de un hospital materno que fue evacuado cuando a la falta de electricidad que debería  suministrar la red, se sumó la carencia de combustible para las máquinas de respaldo eléctrico.
Un sembrado de lechuga colapsa en tres días cuando, por falta de electricidad, deja de regarse, pero una sala de neonatos, donde los recién nacidos transitan del seno materno a la vida en contacto con el ambiente, lo hace a los 30 minutos. Allá nos vemos
(Tomado de el diario ¡Por esto!)
 

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