Mercado del arte cubano busca salida en plena crisis

La muestra Liturgias del residuo: arqueología y reciclaje en la escultura de Tomás Núñez hace un recorrido por las obras del artista y creador del espacio Corral Falso 259 entre desde el año 2011 hasta el 2026. Las visitas al espacio se coordinan previamente por el contacto de WhatsApp: +53 52900751Foto: Tomada del Facebook de Corral Falso 259

Al eliminar la prohibición sobre las galerías privadas, el Decreto 160/2026 redibuja las reglas del futuro mercado del arte cubano.

IPS/La Habana

El escultor y gestor cultural Tomás Núñez (Johny) prepara una exposición con motivo del cumpleaños 96 de Alfredo Sosabravo, Premio Nacional de Artes Plásticas (2004), con dibujos en tinta inéditos del maestro. Como ocurre se ha ido haciendo tendencia en la vida expositiva del mercado del arte cubano, todos los gastos corren por cuenta propia.

En la práctica, la casa-estudio de Núñez opera como uno de los espacios alternativos no reconocidos que hoy sostienen este mercado. Y es que de las 40 galerías de arte estatales que operan en La Habana, según datos del Anuario Estadístico de Cuba 2024, muy pocas asumen los costos de producción de una exposición, agravados por la policrisis que atraviesa el país.

“Oficialmente las galerías municipales reciben un presupuesto anual para su calendario expositivo. Sin embargo, los artistas emergentes no vemos ningún tipo de ayuda económica en el proceso productivo. ¿A dónde va ese dinero entonces?”, cuestiona un joven pintor del municipio de La Lisa, cuya obra ha sido expuesta en la galería Domingo Ravenet.

Buena parte de las oportunidades para el arte joven y emergente no provienen de las instituciones estatales, como sucedió en décadas un pasado, sino de proyectos no gubernamentales, residencias independientes y el apoyo puntual de embajadas y fondos de cooperación extranjera.

De este modo, quienes se dedican al arte sostienen su trabajo prácticamente sin el respaldo de redes institucionales. Según especialistas, esa desprotección responde a factores estructurales de la realidad socioeconómica del país, como la inexistencia de un coleccionismo nacional con capacidad financiera para sostener la producción local. En ese contexto, gran parte del mercado del arte en la isla se mueve al margen de la legalidad o en la informalidad.

Vivir del arte

Como creador, Núñez depende hoy en día de la venta directa a marchantes internacionales para subsistir económicamente. El escultor tiene un contrato con una galería extranjera y trabaja por encargo, con comisiones de entre el 40 % y 50 % para el intermediario. Gracias a esta conexión, su vivienda de la calle Corral Falso 259 del municipio capitalino de Guanabacoa, puede abrir sus puertas como centro cultural comunitario.

“El comercio nacional en las artes visuales prácticamente ya no existe. Con el auge turístico de los años 2000, los artistas ambientábamos instalaciones hoteleras a través de instituciones intermediarias, lo cual representaba la mayor vía de venta y exposición simultánea. Sin embargo, eso se perdió con la más reciente ola de construcciones del sector, la mayoría diseñadas de antemano por empresas extranjeras”, resume Núñez.

En tanto, el Premio Nacional de Artes Plásticas (2009) Nelson Domínguez sostiene que las instituciones gubernamentales intermediarias designadas por el Ministerio de Cultura -el Fondo Cubano de Bienes Culturales y la empresa Génesis Galerías de Arte-, rara vez gestionan la participación de artistas en subastas internacionales, lo que les obliga a abrirse camino por su cuenta fuera del país. «Si tú no tienes quien te represente y promueva tu obra, es como si no existieras», dijo a IPS.

Aun así, Domínguez insiste en que el mercado del arte cubano tiene mucho futuro si cambian las condiciones que hoy complican el proceso.

Como Núñez, Domínguez y Martínez, muchos artistas han optado por residir en Cuba, pero viajan constantemente a epicentros artísticos como México, Miami o Madrid para mover su obra. Esta doble condición los convierte en figuras que no pertenecen por completo a un ecosistema y que redefinen las artes visuales nacionales desde otra geografía.

Foto: Foto: Tomada del sitio web de Lianet Martínez

Ineficiencia institucional

La artista visual Lianet Martínez, de 33 años, propone un trabajo sistemático de las instituciones con la creación artística, en aras de fomentar la compra y venta de obras, así como también el coleccionismo privado del arte contemporáneo.

Para la joven, cuya obra forma parte de la colección del Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, el país nunca ha tenido un mercado de arte propiamente dicho, sino que la demanda ha sido principalmente internacional. “Mientras los coleccionistas extranjeros llegan en busca de la autenticidad de quienes viven en la isla, el impulso estatal al sector suele limitarse a períodos eventuales como las bienales, para luego regresar a la inactividad”, explica Martínez.

La crítica de arte y expresidenta del consejo nacional de las artes plásticas, Daneysi García, señala que las personas galeristas del sector estatal cobran el mismo salario exista o no una venta, lo cual no incentiva la comercialización. Igualmente destaca que el trámite oficial para vender una obra se torna tan engorroso que influye en la decisión del comprador.

El crecimiento de mipymes y negocios privados que sí pueden asumir costos de obras ha abierto otro canal de encargo dentro de las artes visuales en Cuba, aunque todavía a menor escala. (Obra del artista Michel Mirabal en restaurante privado de La Habana.

Foto: Foto: Tomada del perfil de Instagram del restaurante privado Cha-Cha-Chá

Galerías privadas entran al mercado del arte cubano

El 28 de julio de 2026, la Gaceta Oficial publicó el Decreto 160/2026, que deroga el Decreto 107 de 2024 y elimina, entre 46 actividades que dejan de figurar entre las prohibidas al sector no estatal, la gestión de galerías de arte comerciales privadas. Es la primera vez que el marco regulatorio cubano no veda expresamente esta figura, aunque su puesta en práctica dependerá de reglamentos complementarios todavía pendientes.

No obstante, el Decreto 160/2026 no equivale a una liberalización total. El investigador Pedro Edgar Rizo, autor del libro Mercado de arte en Cuba… una historia incompleta, explica que la apertura ocurre por exclusión, la norma deja de mencionar a las galerías entre las actividades prohibidas y exceptúa expresamente la comercialización de artes visuales, pero museos, archivos y la gestión del patrimonio siguen reservados al ámbito estatal.

En Corralfalso 259, Núñez ya piensa en ese escenario. Si la ley se lo permitiera tendría que empezar a cobrar a las y los artistas que exponen en su espacio, en moneda o en obra, para cubrir los gastos de cada muestra y poder invertir en otros proyectos. “Así funciona en el mundo entero”, afirma. Mientras esa posibilidad se define, sigue abriendo su casa-estudio de manera gratuita, sostenida con sus esfuerzos y la ayuda de amigos de dentro y fuera de Cuba. (2026)

(Tomado de IPS/Cuba)

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