(En la foto Hammer, Ana y su mamá)
Manuel Juan Somoza /La Habana
Hay mil razones para protestar en Cuba y cada quien lo hace a su manera. Escribo tras 23 horas sin servicio eléctrico en mi barrio del oeste de La Habana, haciéndome la misma pregunta que los demás mortales: “¿Hasta cuándo durará la luz?”
Temprano en la mañana pasó el vendedor de panes de flauta y corteza dura (350 pesos la unidad) y como conoce a Vivian y es locuaz realizó un comentario similar al que hacen muchos aquí y allá, al saber del apagón prolongado:
–Coño, ustedes nos ganaron (en relación con lo que sufrió su barrio). Por eso yo vivo orgulloso de ser cubano, porque en cualquier otra parte (con los extensos apagones desde que Washington prohibió en enero la importación de combustible) la gente ya estaría en la calle formando su revolución.
Y el comentario del vendedor de panes (no sé si con cierta dosis de sarcasmo) es un buen tema de estudio para sociólogos.
En tanto y en el mismo contexto de crisis nacional, con el despuntar de octubre ha surgido un nuevo rostro desde la oposición “al régimen comunista”. Otro tipo de protesta, con un sentido bien diferente al de las madres que se plantan con sus hijos en plena vía pública para reclamar de las autoridades luz y agua, después de 15 horas sin ambos servicios vitales.
La nueva figura se hace llamar Anna Bensi, creadora de contenidos que según se dice tiene más de 100 mil seguidores en las redes, quien está bendecida además con una imagen juvenil (21 años) “que vende muy bien”, de acuerdo con una expresión generalizada en el mundo de la publicidad.
Ella y su madre fueron declaradas culpables por un tribunal de La Habana, que les solicitó dos años de “limitación de libertad” (falta conocer la sentencia, apelable) tras haber grabado y difundido el video de un policía que llegó a su vivienda para entregar una citación en marzo pasado.
Hasta ahí una síntesis del hecho que de inmediato contó con el acompañamiento del jefe de la diplomacia estadounidense en Cuba, Mike Hammer, y ha saturado las redes a favor o en contra del juicio y de Bensi, unos calificando de “mercenaria” a la muchacha, otros definiéndola como ejemplo de “la represión del régimen” y algunos alegando que el juicio y todo lo que ha rodeado el caso “ha vuelto a darle más argumentos a EU para seguir con su política” de ahogo a la isla.
Todavía tengo luz (he pasado tres horas escribiendo, cargando todos los artefactos lumínicos recargables posibles y atendiendo a una pareja interesada en comprar nuestra casa, porque ya no podemos sostenerla con nuestras pensiones) y termino la crónica recordando a Rosa María Paya, hija del creador del opositor Proyecto Varela.
Como corresponsal en La Habana del Grupo Multimedios MILENIO, de México, me correspondió informar del funeral del padre -Oswaldo- y allí, ante su tumba, escuché por primera vez la arenga de su hija, aquella muchacha también con “imagen muy vendible”, que terminó viajando a EU y convirtiéndose en funcionaria del mismo gobierno que representa Hammer y ahoga a 9,4 millones de cubanas y cubanas para, al final dice, “salvarlos del comunismo”.


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