Mujer vendiendo barras de dulce de guayaba en una feria en Cuba.
Una barra de dulce de guayaba, un anciano y un pequeño hurto retratan los dilemas cotidianos que provoca la difícil situación económica de Cuba.
Aurelio Pedroso/La Habana
El tema de robar alimentos ha sido siempre muy controvertido e inundado de matices.
Por ahí anda, en las redes sociales, la cuasi romántica historia de un juez estadounidense que debía sancionar a un menor de edad por robarse algo de comer en un supermercado.
Cuentan que todo terminó declarando inocente al niño, auto multándose el magistrado, aplicando igual sanción al tribunal, a toda la sala y al mismísimo dueño el establecimiento donde se cometió el delito por considerar a la sociedad la máxima culpable.
Y sin el menor ánimo de aplicar la ley, que no siempre es sinónimo de justicia según viejos abogados, delante de mi se han robado una barra de dulce de guayaba en el instante en que la joven vendedora daba las espaldas para efectuar el cambio del billete.
Fue un brazo que se extendió, cruzó a la altura de la cintura tal serpiente amazónica hasta alcanzar una barra del dulce en un acto envidiable para un profesional de la magia. Vaya, más diestro que Mandrake. Por fracciones de segundo llegué a pensar que tenía tres brazos.
En honor a la verdad, ignoro si faltó valor de contactar con ambas partes involucradas o sin en realidad el acontecimiento logró nublar el raciocinio causa del llamado factor sorpresa.
Observé con el rabo del ojo al anciano en la fase de encubrimiento al deslizar la barra hasta una bolsa que llevaba consigo y marcharse tranquilamente del lugar.
Con la respuesta que deseaba escuchar, días después volví a la feria. Allí estaba de nuevo la muchacha para escuchar la historia y preguntarle cómo habría reaccionado ella ante la sustracción:
-Aquí (en la feria comercial) los que más roban son los viejos. No sé ahora mismo cómo hubiera reaccionado porque conozco por lo que están pasando esas personas. Tal vez lo hubiera llamado para rectificarle su error, proponerle otro precio más asequible o cantarle las cuarenta… No sé, francamente. Todo depende de cómo amanezco ese día, si feliz, tensa, preocupada, molesta sin poder dormir por los malditos apagones…
Dándole vueltas al lamentable suceso pienso que ello puede ocurrir en cualquier sitio del planeta, pero en la Cuba de hoy tiene una significación muy especial y dolorosa.
Abro el celular y como caído del cielo me topo con la frase de que “en medio de la dificultad se encuentra la oportunidad”.
Ese manjar tan socorrido y humilde del cubano, de un trozo de dulce de guayaba maridando con queso blanco, es un privilegio para pocos.
¿Habrá robado el anciano ese día también ese imprescindible acompañante?
(Tomado de El Boletín)


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