LOS CUBANOS Y OCTUBRE

Manuel Juan Somoza/La Habana


Casi sin aliento, los cubanos pusieron el primer pie en octubre como parte de la marcha forzada que protagonizan desde enero –cuando Estados Unidos cerró la importación de combustibles–, sin que absolutamente nadie en la isla sepa cómo y cuándo terminará el agobio.
Sobrevivir a 20 o más horas diarias sin luz, sin agua constante en los grifos, con los hospitales que siguen siendo públicos, pero están casi vacíos de medicamentos y personal calificado; subsistir con salarios y pensiones de ahogo por una inflación incontenible, entre calles vacías de ómnibus urbanos y proyectos desde el gobierno de cambios económicos a destiempo, es un reto a la esperanza.
En informe reciente, el Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana concluyó que por tercer año consecutivo la economía cerró en números rojos, al retroceder 5% en 2025, resultado imposible de mejorar en el año que corre.
“Sí, llegamos, pero a qué costo”, dice José Antonio, 76 años, jubilado. ”Yo no sé cómo sobrevive la gente; parte el alma ver tanta miseria. Yo llegué porque sacrifiqué mis sueños”, comenta Rodrigo, 40 años, médico antes y dueño ahora de un comercio de alimentos.
Para José Antonio, quien consagró su vida de joven y adulto “a levantar eso que llamábamos socialismo y hoy parece una caricatura (…) Llegamos a esta nueva crisis porque desafiar al Imperio cuesta caro (Cuba suma casi 70 años esquivando una guerra económica impuesta por EU); porque no se hicieron a tiempo los cambios económicos, estructurales y hasta políticos que exigía un modelo (de sociedad) ineficiente y porque el fascismo está instalado ahora en Washington, ha interpretado perfectamente esa realidad y está mordiendo la yugular de la Nación”.
Rodrigo, en tanto, no hace disquisiciones teóricas. “No, yo no pierdo el tiempo en eso. Yo milité en la Juventud (comunista) hasta que me di cuenta de que la lista (las promesas) no jugaba con el billete (los hechos) y si no me he ido de aquí es porque no he encontrado la manera. Vivo más o menos bien dentro del caos y seguiré tirando sin tener muy claro lo que haré dentro de un año”.
Con ambos amigos hablé por separado –cambié sus nombres–, sin desconocer las opiniones de otros cubanos. “De esta también saldremos, como hemos salido mil veces”, aseguran, apelando más al orgullo nacionalista que a la objetividad.
Y en ese panorama, como parte de sus cambios tardíos, el gobierno comienza a abrir mercados de barrio (en sustitución de las desaparecidas bodegas) con alimentos y productos de aseo a precios algo inferiores a los que predominan en el mercado.
Ligera mejoría que todavía no cubre el país, al tiempo que, al menos en La Habana, los apagones disminuyen y el servicio de agua se recupera, aunque Washington sigue cerrando cada puerta que abren los cubanos. Despidió septiembre con nuevas sanciones, entre ellas, la anulación de cuentas bancarias abiertas allá por entidades privadas de la isla, al amparo de una disposición adoptada por el gobierno anterior.

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