Playa de Varadero con sillas azules y sombrillas de paja
El emblemático destino turístico cubano afronta el deterioro de los servicios, la caída de los viajeros extranjeros y los efectos de la crisis energética, mientras conserva intacto su principal atractivo natural.
Aurelio Pedroso /La Habana
La primera vez que puse un pie en tan conocido balneario tenía unos nueve años. Fue a principios de los 60, recién triunfada la revolución, bajo el paraguas del ya desaparecido Instituto Nacional de la Industria Turística (INIT).
Nunca olvidaré que no era necesario el dinero. Mi padre llevaba consigo toda una longaniza de tickets donde aparecían el desayuno, el almuerzo, la comida y si mal no recuerdo hasta el acceso al trencito que recorría el pueblo y el uso del famoso Golfito.
Varadero estaba por crecer. Sólo prestaban servicio los hoteles Internacional, Kawama y Oasis. Hoy, más de 50 hoteles y numerosas casas y habitaciones de renta.
De entonces a la fecha mucho que ha llovido, con huracanes que han hecho de lo suyo. La península se ha inundado de hoteles de diversas categorías 4 y 5 estrellas bajo administración extranjera donde el grupo Meliá Hotels International hasta su partida definitiva hace tan sólo un par de meses, marcaba el liderazgo nacional.
Todo ha cambiado en razón de la crisis que atraviesa la isla más presiones y chantajes gringos para frenar el auge del turismo. Tanto, que ha perdido su esplendor y sólo la playa y el sol le han podido hacer frente a contratiempos de todos los colores.
Muy pocos extranjeros suelen visitarlo. Priman los cubanos en las pocas instalaciones que prestan servicio y hay que reconocer que no pocos se portan bien porque resulta deprimente la gula en desayunos, almuerzos y cenas bajo la categoría de todo incluido.
Lo anterior, por falta de cultura, educación y, sobre todo, por el trauma casi permanente, del pan, los dulces, helados, comida… Causa pena y asombro ver en mesas platos inundados de alimentos que dejaron de consumirse. Y no se diga lo que cargan a la habitación, pese a la vulnerable advertencia en varios idiomas, de la `prohibición de sacar comida del restaurante además del acceso con grandes bolsas.
Sol Palmeras ha sido el lugar de destino por un fin de semana gracias a la invitación de un pariente llegado desde la cercana Miami. Ya no lleva la marca Sol. Simplemente Palmeras. En su entrada, una pequeña placa anuncia: “Inaugurado el 10 de mayo de 1990 por el presidente de la República Dr. Fidel Castro Ruz”.

Vista de la recepción del hotel Palmeras en Varadero, Cuba.
Lamentablemente ya no luce aquellas galas de buen servicio a pesar del esfuerzo y comprensión de sus trabajadores y directivos. A un turista nacional, que se quejaba de varias contrariedades, le escuché decir:
-Ya esto es lo más parecido al campismo.
Para colmos, a nuestra llegada volvió a caerse el Sistema Electro-energético Nacional (SEN) y fueron dos noches sin climatización en la habitación.
Una amable camarera, tal vez a modo de consuelo por experiencia propia, me confiesa en tono funeral:
-Por lo menos tienen luz…
(Tomado de El Boletin)


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