Manuel Juan Somoza /La Habana
Cuba cuenta con el mayor laboratorio del planeta, en el que especialistas de alto calibre exprimen la etimología de las palabras a fin de atenuar a la vista y al oído males que no han dejado de reverdecer.
Al triunfo de la Revolución, todos los burdeles fueron cerrados y con apoyo de las instituciones los practicantes del oficio más viejo del mundo se reintegraron a la nueva sociedad que surgía como promesa de igualdad y buen vivir.
Pero la prostitución reapareció, solo que a partir de entonces y hasta hoy sus practicantes fueron bautizadas como “jineteras”, en lo que quizá haya sido el primer aporte del singular laboratorio. Dolía mucho admitir el resurgir de esa práctica.
En 1968, el Estado Revolucionario consolidó el control absoluto de la economía nacional, en el supuesto de que de esa manera se lograría una mejor distribución de las riquezas, sus almacenes se repletaron de productos y se desarrolló otra práctica universal, el robo, calificado por los magos de las palabras como “desvío de recursos”. Recursos que han ido a parar siempre al mercado negro, el más estable del país.
Cada etapa ha tenido su aporte. En la crisis de los 90, cuando en casa desayunábamos infusión con hojitas de naranja agria, surgió el “Período Especial”.
-¿Mami, y especial no quiere decir algo bueno?-, preguntó desde la ingenuidad de cualquier muchacho nuestro hijo Ariel, y Vivian debió hacer despliegue de imaginación para tratar de explicar lo inexplicable.
Aquella crisis equivalió a un parte aguas, la generación de Ariel devino pragmática, quería hechos, no se conformaba con promesas, y mayoritariamente terminó por formar parte de un éxodo que en 2024 alcanzó niveles extraordinarios hasta que Donald Trump irrumpió en la Casa Blanca, cerró la frontera sur y en enero pasado inició una siniestra ofensiva para darle el tiro de gracias al socialismo cubano.

A partir del Período Especial, los barrios marginales se multiplicaron. De ellos salieron muchos de los participantes en las manifestaciones contra el gobierno del verano de 2021 e incluso un estremecedor documental sobre las giras que Silvio Rodríguez solía hacer por esas comunidades solo pudo ser visto por los cubanos luego de que las autoridades pusieran en marcha acciones dirigidas a rescatar esos “barrios en transformación”, como fueron bautizados casi de inmediato.
Y hoy un nuevo y escalofriante término prolifera: “población vulnerable”, especie de saco sin fondo en que se agrupan ancianos dejados a su suerte, personas con limitaciones físicas o mentales, menesterosos por causas diversas, madres solteras con tres o más hijos; término que es reflejo fiel del grado de depauperación de la sociedad cubana bajo las presiones y amenazas de Washington y que mi amigo Rodrigo describió con exactitud cortante en una reciente reunión sobre el tema.
Cuando el que dirigía se dispuso a cerrar el intercambio, Rodrigo pidió la palabra, se puso de pie con dificultad y con esa voz de trueno que aun no lo abandona, afirmó: “ COMPAÑEROS, ¡VULNERABLES SOMOS TODOS LOS QUE VIVIMOS DE LA JUBILACIÓN O CON UN SALARIO DEL ESTADO!”.


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