Embarazo adolescente en Cuba: desafío persistente

Cuba debe revertir la tendencia que prevalece desde 2006 caracterizada por una fecundidad adolescente en ascenso en un contexto de baja fecundidad general.Foto: Jorge Luis Baños/IP

Este desafío persistente en la nación caribeña se focaliza a propósito de la Semana de Prevención del Embarazo en Adolescentes, del 14 al 20 de septiembre.

Redacción IPS Cuba 

El embarazo adolescente en Cuba se posiciona como un desafío persistente en el ámbito social, de salud y de equidad de género. Si bien ha descendido en el grupo de muchachas de 15 y 19 años, apenas se mueve en el más sensible de niñas de 10 a 14 años.

La tasa de fecundidad entre las muchachas de 15 a 19 años descendió de 48,5 nacimientos por cada mil en 2021 a 43,2 en 2025, según datos actualizados en agosto de 2026 por el Observatorio de Cuba sobre Igualdad de Género (OCIG).

La contribución de ese grupo a la fecundidad total del país también bajó, de 18,3 % en 2024 a 17,3 % en 2025, confirmó el OCIG, construido de conjunto por la estatal Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) y la Federación de Mujeres Cubanas.

Sin embargo, en el grupo de 10 a 14 años, la tasa osciló entre 1,3 en 2021 y 1,4 en 2025, sin una tendencia sostenida a la baja, una cifra que enciende las alarmas por tratarse de las poblaciones más jóvenes.

Los datos cobran relevancia en el contexto de la Semana de Prevención del Embarazo en Adolescentes que impulsa la Organización Panamericana de la Salud (OPS) entre el 14 y 20 de septiembre, pues alertan sobre el desafío persistente que implica un embarazo para los proyectos de vida de niñas y adolescentes.

La OPS señala que en América Latina y el Caribe aproximadamente 1,6 millones de niñas de 15 a 19 años se convierten en madres cada año, lo que tiene consecuencias importantes para su salud, educación, oportunidades económicas y bienestar general.

Además, alerta que entre el 18% y el 25% de las adolescentes de la región experimentan un segundo embarazo dentro de los dos años posteriores al primer parto, por lo que resulta clave la prevención incluso después del parto.

Especialistas, autoridades y activistas coinciden en que la respuesta al embarazo adolescente en Cuba no puede ser sectorial ni dispersa, en busca de romper con este problema, que también tiende a repetirse de generación en generación.Foto: Jorge Luis Baños/IPS

roblema social con raíces en la desigualdad

El fenómeno en Cuba trasciende la dimensión sanitaria. Investigaciones de la psicóloga Matilde Molina, subdirectora del Centro de Estudios Demográficos (Cedem), de la Universidad de La Habana, confirman que “se acompaña de disfuncionalidades sociales, heterogeneidades territoriales y una pérdida de oportunidades educativas”.

Una desigualdad evidente es su comportamiento territorial.

Según el OCIG, la incidencia mayor se concentra en las provincias orientales, que también clasifican entre las de menor índice de desarrollo humano local del país, según el informe “Ascenso a la raíz. La perspectiva local del Desarrollo Humano en Cuba 2019”, presentado en 2021 y que aún no ha sido actualizado.

En el grupo de 15 a 19 años, justo tres provincias orientales superan los 50 nacimientos por cada mil adolescentes: Granma (56,5), Holguín (53,3) y Guantánamo (50,9). En tanto, en el de 10 a 14 años, Mayabeque, del occidente cubano, registra la tasa más alta con 2,2, seguida por las provincias orientales de Guantánamo (2,0), Granma y Holguín (1,9 cada una).

Pero la desigualdad también tiene que ver con las relaciones de poder al interior de las familias, afirmó la también psicóloga del Cedem, Daylin  Rodríguez en abril de 2026, durante la presentación del Programa Conjunto “Prevención y atención al embarazo y la fecundidad adolescente en Cuba”, una acción concertada entre el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y el de Población, con financiamiento de la Unión Europea.

Casi el 30 % de las muchachas entre 15 y 19 años está casada o unida con personas mayores, entre 20 y 48 años o más, detalló la especialista, sobre este desafío persistente en Cuba.

El país caribeño eliminó en 2022 la excepción legal que permitía el matrimonio antes de los 18 años pero las uniones tempranas entre personas adultas y adolescentes no encuentran una prohibición expresa en la ley vigente.

Los resultados de la Encuesta Nacional de Fecundidad (ENF-2022), de la ONEI, están en línea con los análisis de Rodríguez: entre las adolescentes de 15 a 19 años casadas o unidas, en 14,6 % de los casos su pareja es 10 años o más mayor. En el grupo de 20 a 24 años, esta proporción fue del 19 %.

Ello ratifica “el  problema  social  que  constituyen  las  grandes  brechas  de  género,  las  inequidades, desigualdades y heterogeneidades entre los territorios”, advierte el artículo “Fecundidad adolescente en Cuba, un problema social”, publicado en 2025 por la revista Novedades en Población.

Las provincias de la región del oriente cubano tienen las tasas más altas de madres adolescentes, aunque Mayabeque, en el occidente, registró en 2025 la tasa más elevada de nacimientos en el grupo de niñas de 10 a 14 años.Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Estrategias de atención

La OPS, en este 2026, busca no solo prevenir el embarazo temprano. También llama a “no dejar atrás a las madres adolescentes que ya han dado a luz”.

Si una adolescente cuenta con servicios de salud de calidad, educación, apoyo social e información sobre decisiones reproductivas, puede continuar persiguiendo sus metas a pesar de haber sido madre en edades tempranas, alerta la agencia de Naciones Unidas.

La prevención del embarazo adolescente, recomienda, requiere educación integral en sexualidad y acceso a servicios de salud amigables.

En Cuba, la respuesta se ha articulado en varios niveles. La Resolución 174/2025 del Ministerio de Salud Pública estableció nuevas disposiciones, entre ellas el registro obligatorio de cada caso, para fortalecer la atención integral a este problema con énfasis en educación, prevención y acompañamiento.

En paralelo, el ya citado programa conjunto “Prevención y atención al embarazo y la fecundidad adolescente en Cuba (2025-2028)”, con financiamiento de un millón de euros y una duración de 36 meses, propone por su parte una intervención en diez municipios de Camagüey, Las Tunas, Holguín y Granma, seleccionados por sus indicadores de resistencia al descenso de la fecundidad adolescente y por haber sido afectados por el huracán Melissa.

En el ámbito comunitario, existen otras iniciativas y proyectos más puntuales como los talleres del proyecto Tengo mi propia voz, del estatal Centro Nacional de Educación Sexual, donde adolescentes identifican situaciones de violencia, conocen métodos anticonceptivos y elaboran productos comunicativos de prevención entre pares.

La atención al embarazo adolescente, además, está reconocida como de alta prioridad en la Política de Atención a la Dinámica Demográfica, que funciona como política de población del país.

El desafío persistente, coinciden especialistas y autoridades, activistas y la propia política de población es que la respuesta a este fenómeno no puede ser sectorial ni dispersa.

En línea con las recomendaciones de OPS, prevenir embarazos adolescentes “no es solo una prioridad de salud; es una inversión en el bienestar, los derechos y las oportunidades de las madres adolescentes y sus hijos”. (2026)

(Tomado de IPS/Cuba)

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