La emisión de billetes de 10000 y 20000 pesos cubanos (CUP) puede justificarse operativamente ante una inflación estructural que eleva la demanda de efectivo y encarece su circulación. Sin embargo, choca con la realidad de los ingresos laborales: el salario mínimo ronda los 3210 CUP y el salario estatal promedio apenas supera los 7000. Así, un billete de 20000 equivale a casi tres salarios medios mensuales. La “solución técnica” termina imponiéndose sobre la lógica económica y política. Cuando el trabajo pierde incentivos, la crisis estructural se vuelve permanente.
No es lo habitual. En monedas estables, la mayor denominación suele representar solo una fracción del ingreso mensual promedio, no un múltiplo del salario. Como el billete de 100 dólares frente a unos 6000 de ingreso medio, o el de 10000 yenes frente a unos 400000. Cuando el billete de mayor valor supera ampliamente la nómina mensual, suele reflejar inflación crónica, dualidad monetaria o un circuito dolarizado, no un sistema de pagos anclado en el trabajo.
Un cono monetario diseñado para el mercado en divisas.
La brecha revela incentivos distorsionados. El cono monetario se ajusta a un comercio anclado en dólares —remesas, mercados en divisas y precios informales—, no a una demanda basada en salarios y pensiones. El peso cubano deja de funcionar como unidad de cuenta del trabajo y queda relegado a medio residual dentro de un circuito dual.
El paquete de 176 transformaciones no corrige ese desajuste y, por tanto, no fortalece la moneda nacional. El paquete propone devaluaciones sucesivas, mercado cambiario, casas de cambio y mayor dolarización parcial. Administra la dualidad, pero no ancla el CUP a los resultados del trabajo.
Mientras tanto, el Banco Central de Cuba incumple su función esencial —defender la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional— al no preservar el valor del peso. Emitir billetes de mayor denominación sin reconstruir esa ancla no es política monetaria; es adaptar el efectivo a un comercio que ya no tiene el salario como referencia.
Fortalecer la moneda nacional no consiste en imprimir más o menos billetes, sino en hacer que un mes de trabajo vuelva a ser una unidad de cuenta crucial del mercado interno. Mientras el paquete de las 176 medidas administre la dualidad en lugar de limitarla y eventualmente cerrarla, el peso seguirá siendo residual y el incentivo continuará dirigido al dólar, no al salario.
Un país que diseña el efectivo nacional para que se subordine a la divisa y no a la nómina salarial declara, en los hechos, que el trabajo en pesos ya no manda.
(Tomado de El Substack de Pedro)


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