Cambio de “lógica”, mismos incentivos: el Gobierno frente a los productores agropecuarios cubanos.

Pedro Monreal

Sin modificar los incentivos, el “cambio de lógica” que el Gobierno cubano exige a los agricultores no puede concretarse. Pedir una nueva conducta sin reordenar los incentivos es un grave error de diseño de política económica.

La nota de prensa sobre un “encuentro de trabajo con representantes del sector agropecuario” cubano sugiere una apelación a la voluntad más que un examen razonado de la profunda crisis del sector. Predominaron el voluntarismo desconectado de la racionalidad económica, la falta de estadísticas y la omisión de la campaña de siembra de frío, el marco clave de la dinámica agropecuaria entre septiembre de 2026 y febrero de 2027.

Se aludió al eje 7 del paquete de 176 medidas —autonomía y poder de decisión; pasar de ejecutores de planes a gestores; y acercar tierra, insumos, comercialización y financiamiento al productor—, pero sigue sin respuesta la pregunta decisiva: ¿qué gana, de manera previsible y estable, el productor, sobre todo privado, que arriesga semilla, tiempo, combustible y trabajo adicional?

Mientras la ganancia no dependa de precios, contratos y reglas de mercado claras —sino de llamados a la autonomía—, el “cambio de lógica” no rediseña la economía agropecuaria: solo exhorta a actuar como si ese rediseño ya hubiera ocurrido.

Un productor no se convierte en “gestor del destino productivo” porque se lo expliquen. Cambia cuando sembrar más y vender mejor le garantiza un margen cierto, no cuando le reiteran que la tierra y los insumos “están más cerca”. Sin ese incentivo estable, la nueva lógica queda en mandato moral: se le pide asumir el riesgo, pero no se asegura que conserve el fruto de ese esfuerzo.

Aspirar a mejorar el poder adquisitivo de la población sin rediseñar lo que le conviene al productor es, otra vez, pedir un cambio de mentalidad cuando lo que se necesita es cambiar los incentivos del modelo productivo.

La ausencia de estadísticas en la nota de prensa sugiere que no fueron un componente central de la reunión. También confirma que el apagón estadístico del agro, iniciado en 2022, sigue siendo un pilar del relato oficial acrítico: anunciar lo que no se entrega.

Resulta llamativo que, en una reunión celebrada justo al inicio de la campaña de siembra de frío —el marco crucial para aplicar las medidas del eje 7—, no se ofreciera información sobre la campaña principal de cultivos varios (viandas, hortalizas, granos y frutales), decisiva para la producción nacional de viandas.

La reunión no peca de silencio, sino de desplazamiento. Se habla de cambio de lógica, de gestores del destino productivo y de 162 transformaciones que “impactan” al agro, mientras la campaña de frío ya avanza con tierras por roturar, riego limitado y diésel que, incluso en el escenario bajo, se mide en miles de toneladas ausentes del surco. El eje 7 puede abrir puertas —usufructo, precios pactados, comercio de las cooperativas, un banco agrícola—, pero sin cambiar la estructura de incentivos, el llamado a producir más no es un rediseño económico; es una exhortación para cruzar una puerta cuya llave sigue faltando.

(Tomado de  El Substack de Pedro)

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