Niño jugando con un helicóptero hecho de materiales reciclados en La Habana
En medio de los apagones, la falta de agua y las dificultades cotidianas, la imaginación de un niño convierte materiales desechados en un helicóptero y mantiene intacta la capacidad de soñar.
Aurelio Pedroso/La Habana
Los grandecitos en Cuba recordarán que a continuación se respondía preguntando “de qué color”. Azul, por ejemplo. Y ahí comenzaba el juego infantil que podía prolongarse por largo tiempo.
Reinaba entonces la pericia detectivesca.
Ya mis hijos son hombres y mujeres adultos. Tal vez ni recuerden el pasatiempo.
Veo delante de mi a este vecinito, que no pasa de los seis años de edad, jugar alegre con un envase vacío de líquido detergente devenido helicóptero y no puedo menos que pensar que es grande el reto de sus jóvenes padres que en tan crítica situación como la que vivimos, deben mantener sueños y fantasías propios de la niñez.
Ello, frente al dilema de un juguete de precio inalcanzable o la comida para el infante. Vamos, que ya la merienda escolar es un dolor de cabeza.
-Todo el mundo me dice que mi helicóptero es bonito -confiesa. Tira de la cuerda, giran las astas, se mueven las ruedas y el aparato amenaza inútilmente con volar.
La aeronave ha sido confeccionada por alguien curioso y creativo con materiales todos desechables o reciclables en otros países que se ocupan de la basura doméstica e industrial. Un hombre con alma de niño.
Me conmueve el pequeño. Poco falta por lanzarme al suelo y emprender una aventura aérea. En cambio, dialogo con él porque no piensa mucho lo que dice y siente. Muy locuaz el chiquillo. La escena transcurre cuando el sol está en su punto de mayor acción que tal parece que en vez de calor emite llamaradas de fuego.
Felicito a sus padres en un instante en que llevamos casi 40 horas sin electricidad y otras tantas sin agua. Enorme es el malestar, la incomodidad, la impotencia inoculada para un enloquecimiento colectivo para todos menos para ese niño que se empeña en subir el helicóptero a las alturas celestiales.
(Tomado de El Boletín)


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