Manuel Juan Somoza/La Habana
Tiene 36 años, es carpintero, pintor de brocha gorda y jardinero. Tiene tres hijos que cría junto con su esposa -empleada en un restaurante-, y ABSOLUTAMENTE NUNCA lo he escuchado quejarse del mal que abate a la mayoría de los cubanos: 40 y hasta más horas de apagones constantes.
Nunca habla de política y no sé si es marxista o cristiano, pero lo que sí puedo afirmar es que Karel es un luchador, una de esas gentes que llevan en venas el optimismo y la pelea constante por la vida, venga como venga.
Me lo encontré el día que comenzó el curso escolar y la primera pregunta fue inevitable: ¿Y los muchachos?
-Bien, cada uno pa la escuela, cada uno a su misión- respondió en el despuntar de una jornada antecedida por la mayor interrupción del servicio eléctrico que se recuerda en La Habana. -Hay que luchar, no queda de otra- agregó sin la rimbombancia que los charlatanes de oficio le dan a tal afirmación.
Y mientras escribía en tributo a uno de esos “Juan sin nada”, como llamó el poeta Nicolás Guillen a esa gente capaz de enfrentar cualquier adversidad impuesta desde el Norte o surgida de las ineficiencias internas, Vivian me puso al tanto de otra de las peculiaridades de los tiempos que corren y de su impacto en la gente.
“¡LOS MAESTROS CUBANOS SON UNOS PINGUOS (Cojonudos)!”, gritó a todo pulmón el jueves 3 de septiembre una negra bajita y regordeta desde la acera que circunda la escuela de segunda enseñanza de mi barrio.
Agregó a su manera otros elogios y siguió andando, sin que Vivian alcanzara a descifrar si esas verdades gritadas de manera descarnada y resonante eran obra de una cubana enajenada, “aunque por su aspecto NO lo parecía”, aseguró.
Son variadas las estampas de la cotidianidad cubana y, por supuesto, basarse en ellas no permite tener siquiera una idea de lo que está por venir.
Hace pocos días, un amigo preguntó desde la otra acera: “¿Y podrán resistir hasta que Trump termine su mandato?”, tiempo que duraría el ahogo impuesto por Washington desde el 3 de enero pasado, en el decir de su secretario, Marco Rubio.
Y respondí lo que creo: “No lo sé, pero lo que sí sospecho es que de lo contrario nuestro país devendrá Haití”.


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