Los enigmas de Venezuela

Gerardo  Arreola /México

  El acuerdo para que Estados Unidos disponga mediante un intermediario privado de cerca de una quinta parte de las reservas probadas de petróleo de Venezuela por el próximo cuarto de siglo deja, por lo pronto, más preguntas que certezas.

  El presidente Donald Trump dijo que usará los recursos venezolanos para reponer sus Reservas Estratégicas de Petróleo (SPR), ahora en su nivel histórico más bajo.

  Pero no queda claro cómo va a operar el mecanismo, si es una concesión convencional o algún otro tipo de transferencia o qué marco jurídico y operativo pueden esperar terceros con intereses en Venezuela, como Repsol, Eni, British Petroleum o empresas de India. Aún están pendientes las demandas de Conoco y Exxon por las expropiaciones de Hugo Chávez.

  Sin embargo, el movimiento permite algunas lecturas inmediatas.

  Cuando Estados Unidos atacó a Venezuela el pasado 3 de enero, empresas chinas estaban a punto de operar la plataforma petrolera gigante Alula, en el Lago de Maracaibo. Iba a ser un salto en la presencia de Pekín en el país andino y en América Latina.

  Hoy Rusia y China ya no están en Venezuela, dijo Trump esta semana en la Casa Blanca. De los 17 campos comprometidos, la mayoría estaban controlados por empresas de esos países, precisó el secretario de Estado, Marco Rubio. al periodista venezolano Sergio Novelli.

  El acuerdo confirma la hipótesis de que la incursión de hace nueve meses tenía como un  objetivo frenar a China. Ahora puede verse un complemento.

  La novedad es que ahora detrás del negocio está el gobierno de Washington y su Departamento de Guerra y que el intermediario será North America Blue Energy Partners, como confirmó Rubio.

  La empresa está controlada por el venezolano Alejandro Betancourt y no queda claro cómo fue seleccionada. Rubio sostiene que no hay investigación alguna sobre Betancourt en Estados Unidos, pero el empresario es investigado por lavado de dinero en Suiza, donde tiene cuentas congeladas. Vivía en el Reino Unido y este año un pedido suizo de extradición fue extrañamente revocado.

  El secretario de Estado explicó que el gobierno de Delcy Rodríguez existe porque “no queremos desestabilización, no queremos violencia, no queremos migración masiva”.

  Trump llamó a Delcy  “la altamente respetable presidenta interina”. En la forma y en el fondo esa relación se estrecha. El escenario puede cambiar de la noche a la mañana, según los usos de la Casa Blanca, pero de inmediato la administración de Miraflores sale fortalecida.

  Ya es difícil que el grupo dirigente -Delcy y su hermano Jorge, Diosdado Cabello-, proveniente del movimiento bolivariano, pueda explicar sus decisiones bajo las mismas banderas del pasado, cuando el control estatal del petróleo era buque insignia del chavismo. Menos podrán explicar el trato con Betancourt, antiguo financista de la oposición.

  Jorge Piñón, investigador de energía en la Universidad de Texas, explica que la caída en las SPR se debe a la liberación de millones de barriles “no por emergencia sino por acciones políticas en espera de que esto bajaría el precio de la gasolina”, lo cual nunca ocurrió.

  Más aún, el experto considera que el entorno mundial mantendrá altos los precios del crudo, unos 80-90 dólares por barril. “Mi preocupación es la disponibilidad y alto precio del diésel como combustible de transporte comercial, no necesariamente la gasolina”.

  Piñón considera el horizonte de precios como “excelente noticia” para quienes están incrementando su producción en América Latina, como Guyana, Argentina y quien es hoy el mayor productor de la región, Brasil, con más de 4 millones de barriles por día”.

  Pero es “una oportunidad perdida para Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Trinidad-Tobago… y México”.

  En México los gobiernos de la 4T frenaron la exportación petrolera y reorientaron la industria al consumo doméstico. La producción actual de Pemex ronda los 1.7 millones de barriles diarios.

(Publicado antes en Reforma)

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