Manuel Juan Somoza/La Habana
Comenzó el noveno mes y muchos cubanos sienten que la oscuridad, el silencio y la ansiedad se han transformado en el peor enemigo de sus esperanzas de alcanzar, al menos, aguas tranquilas.
En los últimos días, la combinación de 20 horas consecutivas sin electricidad y cuatro de luz ha ido cediendo terreno a las tinieblas.
A las tres de la tarde del lunes, 16 circuitos de La Habana llevaban entre 26 y 23 horas sin servicio y sin pronóstico de cuándo terminaría la agonía. Este martes, en mi barrio del oeste de la ciudad, sumamos 34 horas a oscuras, sin anuncio alguno de mejoría.
Redacto a las 10 de la mañana, con la batería de mi laptop, las neveras vacías de agua y alimentos, y sin tener la menor idea de en qué momento podré transmitir esta nota.
Va cumpliéndose de manera siniestra la ofensiva diseñada en Washington para “acabar con el comunismo” en Cuba, aplicada a partir del conocimiento de las carencias acumuladas en el sistema eléctrico nacional por razones diversas, entre ellas, los casi 70 años de guerra económica estadounidense contra la isla y la incapacidad del gobierno nacional de fortalecer, a tiempo y con visión de futuro, la generación de electricidad, el corazón de cualquier país moderno.
Desde enero pasado no se han podido generar unos mil 400 megawatts por la amenaza del presidente Trump de imponer altos aranceles a quienes intenten vender petróleo a los cubanos. Esos motores operan con diésel y full oil, se les dio un mantenimiento de urgencia en 2025 y de estar disponibles, este martes, por ejemplo, el apagón sólo habría existido por algunas horas en el horario nocturno de mayor consumo.
Así van las cosas en mi país en el inicio de septiembre, cuando pese a las adversidades, más de cuatro millones de alumnos de todas las edades han comenzado el curso escolar, aunque solo la enseñanza primaria la lo hará de manera presencial aprovechando la luz solar y la que pueda garantizar la empresa eléctrica, el resto deberá estudiar a distancia en un país donde la educación gratuita es uno de los logros del socialismo a la cubana, también en riesgo.
¿Cómo habrán amanecido esos padres, esos niños, esos maestros en la intención de no permitir que los venza el ahogo impuesto desde la otra acera? No tengo respuestas, solo puedo suponer que comenzar un curso escolar en medio del asedio no es locura, ni política, ni propaganda, es una VERDADERA HEROICIDAD.
Son las 10 y 40 de la mañana, acaban de reponer la luz en el barrio, no sé hasta cuándo, y corro a fin de dejar constancia.


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