Yuliet Teresa/La Habana
En menos de un mes he sabido del robo, la intimidación y el asesinato de personas que conozco. Voy por partes.
A una amiga le robaron casi todo en su casa. Entraron cerca de las 6:00 de la mañana, la intimidaron con matarla y le ordenaron que entrara al cuarto. Ella tomó a su nieto y estuvo allí, temblando, aterrorizada por aquella voz que le decía que iba a quitarle la vida.
Ayer entraron al garaje de un amigo y se llevaron varias bicicletas, entre ellas la de él. Antes ya habían intentado robarle, según le comentó una vecina. Estaba siendo vigilado, observado.
Y hoy abro Facebook y leo la triste noticia del asesinato de Juan Carlos Perez un querido y conocido director artístico de Ciego de Ávila, pero, sobre todo, una excelente persona.
Mientras tanto, constantemente aparecen denuncias de atropellos, violencia, acoso en la calle, inseguridad.
Ancianos desprotegidos en su propio país. Calles terribles, no solo por el abandono, sino también por el peligro. Personas de todas las edades que ya no se sienten seguras ni siquiera dentro de sus casas.
Hay un estado permanente, no solo de depresión, sino de susto. De miedo. De terror.
Yo confieso que me da miedo andar sola de noche. Y, cada vez más, hasta de día.
En mi comunidad de fe hay muchísimas personas ancianas. Hoy luego del servicio dominical uno de los temas de conversación mientras se compartía la caldosa era que, en la cuadra de una de ellas, alguien entró a una casa y golpeó brutalmente a una anciana que estaba sola. Todo para robarle dos o tres cosas. Cosas que quizás no tienen mucho valor material, pero que para ella seguramente tenían un enorme valor sentimental.
Y entonces pienso que, quizás, la mayor de todas las crisis es la crisis de valores.
Es una crisis ética. Una crisis de sentido común. Una crisis que nos está haciendo perder algo tan básico como la capacidad de mirar al otro como una persona.
De la ineficacia, de la falta de respuestas y de esa manera de resolver los conflictos únicamente en la televisión —porque en la vida real seguimos esperando— hablaremos en otro post.
Pero hay algo que ya no se puede ignorar: Hay un “sálvese quien pueda” que se está volviendo grotesco.
Esta sociedad está viviendo con miedo, a desconfiar del vecino, a temer salir a la calle y a sentirse desprotegida dentro de su propia casa, el problema ya no es solamente la delincuencia.
El problema es mucho más profundo. Se llama país en bancarrota.
(Tomado del Facebook de la autora)


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