Las dos preguntas que más nos hacen los cubanos residentes en el exterior

Bandera de Cuba

Cómo sobrevivir al día a día y hasta cuándo: las grandes preguntas de los cubanos en el exterior.

Aurelio Pedroso/La Habana

Ni idea de cuántos cubanos residen en Canadá. Tal vez la embajada en Ottawa tenga esa cifra que no me tomaré el trabajo en averiguar porque vaya usted a saber si la tienen clasificada como secreta o que requiera de una autorización del propio ministro de Relaciones Exteriores.

A ello, par de noches en Panamá y otro tanto de lo mismo. Iguales inquietudes cuando conocen que vives en Cuba, que estás de mero tránsito.

Es que desde España también llegan idénticas interrogantes de familiares y buenos amigos.

Por lo que he podido suponer en torno a las conversaciones sostenidas con compatriotas que viven allí desde hace más de 20 años, que llegaron jóvenes dispuestos a soportar la crudeza del invierno o los calores panameños para comenzar en cero una nueva vida, y a la fecha ya son abuelos con nietos que chapurrean el español, la cantidad bien pudiera ser a tener en cuenta.

Por ejemplo, en uno de los grandes almacenes comerciales distribuidos por el extenso territorio norteño y con presencia en varios países, ellos son mayoría por encima de otros latinoamericanos o europeos del este, hindúes, chinos o provenientes de antiguas colonias de habla inglesa o francesa en el área del Caribe.

Contrario a lo que ocurre en otros países -y es mi opinión- no son muy dados a reunirse y entablar esa familiaridad que nos caracteriza. Los que conocí resultan bastante selectivos a la hora de entablar una amistad fuera del techo bajo el que laboran, aunque en determinados momentos están dispuestos a ayudar a quienes lo necesiten.

Preguntan todos cómo logramos sobrevivir, qué hacemos para ello, cómo “resolvemos” el día a día. Y, luego, hasta cuándo será esa agonía.

No pocos tienen una idea por lo que les cuentan los parientes a los que ayudan con envíos o dinero, pero como dice el dicho una cosa es con guitarra y otra con violín. Hay que vivirlo para aquilatarlo en su justa dimensión.

De cómo hacemos para sobrevivir se podrían escribir varios tomos y en lo relacionado con hasta cuándo será el malvivir bastará con un simple folio  porque eso nadie lo sabe…

(Tomado  de El Boletín)

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