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Vista de un lago rodeado de árboles y piedras en Canadá
El regreso a Cuba tras un mes de ausencia muestra una realidad aún más difícil, marcada por los apagones, la escasez y una creciente incertidumbre sobre el futuro económico y político de la isla
Aurelio Pedroso/La Habana
Tal como declamara en su tiempo el poeta y patriota matancero Bonifacio Byrne (1861-1936) acabo de regresar de esa “distante ribera” no con “el alma enlutada y sombría” por la intervención gringa, que bien pudiera ocurrir en cualquier momento, sino con las vituallas necesarias como el que hace mochila para penetrar en la selva.
Si de riberas contamos, pues ahí está Canadá con esas características geográficas que la hacen pródiga por sus más de dos millones de lagos y ríos capaces de asumir la navegación de los buques de mayor tonelaje existentes en el mundo.
Poco más de un mes y no en plan turístico, sino de ingreso facultativo para reponer fueras, descansar, recibir buena alimentación, dormir, bañarse y cocinar a la hora que Dios manda y no cuando se pueda, de “corre-corre” con dos horas o menos de electricidad, agua o gas al día.
Sin rodeos ni adornos florales: en un mes de ausencia, las cosas van de mal en peor en todos los órdenes. Basta con llegar al aeropuerto. Imagen más deprimente hay que mandarla a hacer. Salvo el personal de Inmigración por su condición militar, el resto de los trabajadores aeroportuarios poco menos que te reciben dándote el pésame o acompañándote en la desgracia.
Volviendo a Byrne, que vio dos banderas, la cubana y la estadounidense, que como he dicho en otras ocasiones no representan gobiernos, sino pueblos, se me ocurre pensar que jamás seremos un enclave extranjero, ni una estrella más en su bandera, aunque sean esas las intenciones del imperio por larga data.
Pero ojo, mucho cuidado porque como avanzadilla ya están el dólar y el euro trazando pautas y guiándonos vaya usted a saber si por el buen o mal camino. Preocupante el escenario. Ya los hay, en el sector privado, que cuelgan de la puerta de entrada el cartelito de “Open”.
Arrecia cada día la voracidad gringa y nadie tiene la menor idea de cómo serán los días, semanas y meses que están por venir. Habrá que lidiar con mayor fuerza mental, aquella proveniente del corazón y esa otra ubicada que cuelga a pocos centímetros al sur del ombligo.
Ojalá, al decir de Byrne, nunca tengamos que despertar a nuestros muertos para que alcen sus brazos y defiendan la bandera. Eso es tarea de nosotros los vivos.
(Tomado de El Boletín)


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