NI PROPAGANDA, NI CONTRAPROPAGANDA

Manuel Juan Somoza /La Habana

Escribo para mañana, para mi primer bisnieto, Mateo, que nació lejos y a quien solo conozco en fotos, y para las decendencias futuras de cubanas y cubanos.

Coincido con que la historia la reescriben los vencedores y como no puedo avizorar lo que le espera a mi país, dejo testimonio, hora a hora, del infausto 2026; quizá mañana ayude este ejercicio, hoy es demasiado tarde. Comparto mis vivencias sin el menor interés de quedar bien con los mandantes o con sus contrarios.

A los 9,4 millones de habitantes que quedan en la isla (fuimos 11 millones hace poco) no les hace falta que comente lo que sufren. Pero, ellos son vitales, son jueces de mis crónicas, y aspiro a que quienes viven lejos tengan otra manera de enlazar sus existencias con la tierra en la que despertaron al tiempo que nos ha tocado, que nos han impuesto.

Agosto se despide y llegan nuevas advertencias, las presiones sobre Cuba, al punto de multiplicar el hambre y la miseria, “se extenderán” hasta el último día de mandato de Donald Trump (2029), según su secretario Marco Rubio. “Cada vez que encuentran una válvula de escape, se la cerramos”, ha reiterado con orgullo.

Entonces, no será “antes de diciembre”, como pronosticó Mike Hammer, jefe de los diplomáticos de Estados Unidos en La Habana, que “caerá la dictadura”; no habrá bombardeos quirúrgicos o desembarcos, como sugirieron la Casa Blanca y el Comando Sur.

Y aunque está por ver hasta dónde es cierta la advertencia, parecería lo más plausible para los intereses geopolíticos de Washington, aunque de nuevo los ultraconservadores de Miami se queden con las ganas.

Irrumpe el noveno mes sin que Cuba haya podido adquirir en el mercado internacional, por decisión de Washington, el petróleo que le urge a sus termoeléctricas cacharrosas (20 horas diarias sin corriente. Tampoco el gobierno nacional invirtió en ese rubro decisivo en mejores tiempos); y seguirán los malabares para que las navieras extranjeras no dejen cargas contratadas en otros puertos, como hacen por temor a las sanciones norteñas.

El primer martes de septiembre comenzarán otro curso escolar 1,4 millones de estudiantes en medio del agobio, tras el esfuerzo de autoridades, maestros, padres y muchachos. El gobierno debe garantizar, en lo posible, agua y luz a las escuelas de primera enseñanza, las únicas que, también en lo posible, funcionarán de manera presencial. El resto de los alumnos estudiará a distancia, con Internet como herramienta decisiva cuando la conexión apenas dura tres horas cada 24. Es iluso esperar buenos resultados académicos, pero es lo que se ha podido hacer. Administrar la miseria en un país, además cercado, implica la eficiencia que no ha caracterizado al gobierno. De ahí que su credibilidad ande a la baja, el Norte lo sabe y ahí también presiona.

No ha habido descanso en este tránsito de meses y, sin embargo, hay cubanas y cubanos que han seguido luchando por sus vidas y por las de los demás, aunque van contando a la par quienes ya se dieron por vencidos.

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