¿Y las palomas?

Manuel Juan Somoza/La Habana

(FOTO: La Habana Vieja que fue y algún día volverá a ser)

Recuerdo todavía el sonido de la gaita gallega por los muelles, el desplazamiento constante de vecinos, comerciantes y policías de uniforme azul, haciendo repiquetear sus garrotes de madera dura con tono de advertencia, golpeando las calles de adoquines.

Era la Habana Vieja de los años 40 del siglo pasado, fue el lugar donde nací, un trozo de ciudad que Eusebio Leal se echó encima para rescatarlo del desastre y la desidia mucho después del triunfo de la Revolución, y que como colofón del esfuerzo se transformó para bien de sus habitantes convirtiéndose, además, en atracción turística.

Y quizá por esos recuerdos y porque llevaba tiempo sin visitar el barrio de mi niñez, me golpeó tanto la quietud ahora de sus callejuelas vacías, el silencio de comercios y hostales cerrados, la mirada perdida de aquel hombre joven sentado en la acera murmurando en solitario. Hasta las palomas estaban ausentes de sus plazas habituales.

El bullicio y la única excepción la encontré a las afueras del enorme portón de la Lonja del Comercio, por el que se accede al Consulado de España: decenas y decenas de cubanas y cubanos, todos blancos y vestidos como de fiesta, esperando ser llamados para iniciar o completar algún trámite que los santigüe con las leyes de la otrora metrópoli a fin de irse a vivir o a morir allá.

En 2019 fuimos 11 millones y tanto de habitantes, antes de que Donald Trump blindara las fronteras de Estados Unidos la población descendió a 9,4 millones por la sangría de una migración desesperada y al paso que vamos, con Trump y Marco Rubio empeñados en ahogar con sanciones económicas a cada cubano para “salvar del comunismo” a los que sobrevivan, los estudios demográficos serán cumplidos antes de tiempo y los habitantes que queden en la isla sumarán menos de los seis millones que fuimos en 1959.

Agosto va despidiéndose así, sin apuros, mientras niños y jóvenes tratan de disfrutar hasta el final, como puedan, las tradicionales vacaciones de verano para recomenzar en septiembre otro curso escolar con los obstáculos inherentes a este país cercado por decisión de Washington con vistas a traer “la salvación”, AUNQUE ABSOLUTAMENTE NADIE EN LA ISLA, CON DOS DEDOS DE FRENTE, HAYA PEDIDO TANTA DEVOCIÓN LIBERTARIA Y MACABRA.

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