Sin todas las opciones sobre la mesa…


      Jorge Gómez Barata/La Habana


En un comportamiento amenazador, usualmente, gobiernos poderosos intimidan a sus adversarios más débiles recordándoles que: “Todas las opciones están sobre la mesa”. En los hechos a veces no resulta así porque los que vociferan de ese modo, entre las opciones no incluyen la derrota, cosa que a veces les ocurre. (verbigracia Vietnam y Corea). Tampoco tienen en cuenta el alto costo que pagarán los que han de morir.
Cuentan que Eisenhower, entonces comandante en jefe Aliado, comentó que se estremeció al conocer el estimado de bajas que ocasionaría el desembarco en Normandía. Según dijo, el pesar que le produjo asumir aquella responsabilidad histórica, lo acompañó el resto de su vida.
 De Estados Unidos espanta el poder militar cuando, guiado por el desenfreno, es utilizado en guerras desiguales como la librada contra México que sufrió unas 25.000 bajas, más del doble que los norteamericanos, y fue despojado de la mitad de su territorio. De ese expediente forman parte las intervenciones en Haití, República Dominicana, Panamá y otras que suman decenas. Sobrecoge además la frivolidad con que sus líderes alardean y amenazan.
En días pasados, durante una visita a Panamá, el secretario de la guerra de los Estados Unidos, Peter Hegseth dijo a los periodistas que la administración Trump no descarta una intervención militar en Cuba. “Todas las opciones, afirmó están sobre la mesa, incluidas las militares”.
No estoy seguro de que al pronunciarse de esa manera haya incluido las escasas opciones de los que van a morir a quienes no se  les da a escoger.    
Con certeza los expertos del Pentágono conocen que el asalto contra las islas y las costas fortificadas y defendidas, son de las operaciones militares más letales para los atacantes quienes, desde el punto de partida hasta el desembarco, están completamente expuestas e indefensas en los buques y lanchas, sin poder hacer uso de sus armas.
Una vez detectada la operación de desembarco aeronaval, los asaltantes son hostigados desde los accesos lejanos y durante la travesía por los buques y aviones de los defensores. Al aproximarse a la costa, en una secuencia estudiada, las tropas a la defensa, emplean primero las armas de mayor alcance, como misiles, artillería y morteros, hasta que al desembarcar los invasores se colocan al alcance de ametralladoras y fusiles.
En las etapas de travesía, aproximación a la costa y desembarco las tropas atacantes son extraordinariamente vulnerables. La mala noticia para Peter Hegseth es que, al poner sus opciones sobre la mesa, incluidas las militares, como afirma, deberá considerar el desembarco naval y la resistencia que opondrán los defensores. Según estimados reales, en las primeras oleadas, uno de cada tres atacantes no sobrevivirá.
La aviación, los misiles y los buques proyectan el poderío aeronaval a la tierra, causan bajas entre los efectivos defensores y la población, así como destrucciones en las obras defensivas y las infraestructuras, pero no conquistan posiciones ni países.
Debido a esa realidad, en Europa y el Pacífico, durante la II Guerra Mundial, los Aliados realizaron en Sicilia en Italia y Normandía en Francia, Okinawa, Guadalcanal Iwo Jima en Japón, decisivos desembarcos aeronavales, que fueron para ellos, las batallas más letales de toda la guerra porque encontraron la encarnizada resistencia por parte de los defensores.  
Existen algoritmos y fórmulas para calcular las presuntas bajas de un desembarco aeronaval, asociadas a la cantidad de tropas involucradas, la velocidad y distancia que deben recorrer las tropas estando expuestas, así como la densidad y eficacia del fuego que deben afrontar y la eficiencia propia en la remoción de minas y otros obstáculos.
Seguramente, del mismo modo que los presuntos agresores han estudiado los aspectos técnicos y operativos para desembarcar en plan de conquista en las costas de Cuba, los militares cubanos han realizado todas las acciones posibles para asumir con éxito la defensa de las playas de su Isla.
Aunque doy por cierto el hecho que quienes en condiciones dramáticamente desventajosas se defienden, no son los que provocan, hago votos porque jamás ocurra semejante enfrentamiento. No conozco fórmula mejor que la acuñada por Raúl Castro, según la cual: “Evitar la guerra equivale a ganarla”. Allá nos vemos.  
   (Tomado del diario ¡Por esto! )

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