Ricardo Torres/Washington
En junio, los envíos de diésel estadounidense a Cuba alcanzaron el 99% del ritmo diario que la isla importaba en 2023 y el 78% del de 2018. Medido contra el semestre completo, en cambio, Estados Unidos cubrió apenas entre 12% y 24% de esos mismos ritmos históricos, según se tome como referencia la importación o el consumo total. ¿Cómo llegamos hasta aquí y qué representan estos volúmenes para la disponibilidad y los precios?
El aumento fue gradual y luego súbito. En enero, Estados Unidos envió 738 barriles de diésel y no envió gasolina. Febrero marcó el despegue: 18 171 barriles de diésel y los primeros 1 152 barriles de gasolina. El valor conjunto de ambos combustibles pasó de 88 mil dólares en enero a 34,5 millones en junio. Sumado a otros aceites, GLP, lubricantes y combustible de aviación, el total de combustibles enviados por Estados Unidos a Cuba escaló de 88 mil a 48 millones de dólares y acumuló 96 millones en el semestre. Pongamos estas cifras en perspectiva histórica reciente.
La ONEI reporta que Cuba importó diésel en 2023 a un ritmo de 18 398 barriles diarios y gasolina a 2 929 barriles diarios, provenientes de todos los orígenes. Sostenido durante los 181 días de enero a junio, ese ritmo habría supuesto 3,3 millones de barriles de diésel y 530 000 de gasolina. Lo que ha llegado desde Estados Unidos (799 704 barriles de diésel, 127 698 de gasolina) cubre aproximadamente el 24% de esas cifras en ambos casos.
En 2018, último año antes de que el PIB cubano empezara a caer en 2019, las importaciones registraban un ritmo mayor: 23 342 barriles diarios de diésel y 5 925 de gasolina. Contra ese nivel, las compras en el país norteamericano representan el 19% en diésel y 12% en gasolina.
El dato mensual pesa más que el acumulado. En junio, el diésel estadounidense llegó al 99% del ritmo diario de importación de 2023 y al 78% del de 2018; la gasolina, al 97% y al 48%, respectivamente.
Las cifras anteriores se comparan únicamente con lo que Cuba importó. El país también refina crudo para completar esas compras de productos terminados. Contra el consumo total, que suma importación y refinación doméstica, el peso de Estados Unidos baja más: 13% en relación con 2018 en diésel y 23% respecto de 2023; en gasolina, 12% respecto de 2018 y 14% en relación con los niveles de 2023.
La brecha entre ambas medidas no es uniforme. En 2018, el consumo total de diésel (1,8 millones de toneladas) superó la importación (1,2 millones) en 34%: Cuba refinaba entonces una porción importante de su propio diésel, capacidad que se ha reducido, para 2023, esa porción cae a 4%. En gasolina, consumo e importación son casi idénticos en 2018, pero en 2023 el consumo (218 875 toneladas) superó la importación declarada (125 778 toneladas) en un 74%, una diferencia que se cubrió con la refinación doméstica.
El origen del suministro en 2026
Detrás de esos porcentajes hay un cambio en el origen del combustible disponible. En 2018, el país combinaba producción doméstica de crudo (2,5 millones de toneladas), un volumen similar de crudo importado (2,6 millones de toneladas) y compras regulares de diésel y fuel oil. En 2023, la producción nacional había bajado a 2,3 millones de toneladas y el crudo importado se mantenía cerca de 2,5 millones, pero con un giro en los refinos hacia la adquisición de fuel oil: el diésel importado cayó a 929 mil toneladas y el fuel oil subió a 1,2 millones, lo que posiblemente refleja las necesidades del sector eléctrico, incluyendo las plantas generadoras flotantes de origen turco.
Para 2025 todavía no hay cifras oficiales de la ONEI, cuyas últimas cifras cierran en 2023. Reuters, a partir de datos de tráfico marítimo, situó las importaciones cubanas de crudo, GLP y otros combustibles en un promedio de 45 400 barriles diarios entre enero y octubre de 2025, una caída de más de un tercio respecto de los 69 400 del mismo período de 2024. Venezuela aportó cerca de 26 500 barriles diarios; los envíos de México, en cambio, se desplomaron un 73%, a unos 5 000 diarios. La producción cubana de crudo rondó los 2 millones de toneladas.
En 2026 el contexto, ya claramente restrictivo, se deterioró aún más. El 9 de enero, el buque mexicano Ocean Mariner entregó alrededor de 86 mil barriles de crudo. Este fue el último envío confirmado de Pemex antes de que la presidenta Claudia Sheinbaum declarara, a finales de ese mes, el cese del suministro debido a la amenaza de aranceles de Estados Unidos. El 31 de marzo, atracó en Matanzas el petrolero ruso Anatoly Kolodkin con 100 mil toneladas de crudo (entre 700 mil y 730 mil barriles), la primera entrega significativa del año.
Frente a ese cuadro de suministro fragmentado, Estados Unidos exportó a Cuba, entre enero y junio, 799 704 barriles de diésel y 127 698 de gasolina, en un flujo mensual y creciente, aunque acotado a esos dos productos. Quedan fuera el fuel oil, relevante para la generación eléctrica, y el GLP, combustible de las balitas.
Lo que paga la gente: Cuba frente a Miami
La enorme contracción reflejada en las cifras de 2026 tiene efectos en el acceso y en los precios. No es de extrañar que se hunda la actividad productiva o que circulen pocos vehículos por las calles. Algunos reportes dan cuenta del despegue de un boyante mercado informal de combustibles, con una regulación deficiente. Esto, mientras que el paquete de medidas del gobierno apunta a una mayor participación del sector privado en todos los segmentos de la cadena de valor.
En Cuba, el combustible se consigue en un mercado con precios en pesos cubanos que hay que convertir a la tasa de cambio a la que la gente compra dólares en la calle. Con esa tasa —665 pesos por dólar (elToque, 17 de agosto), la gasolina especial (B-94) se vendía el 17 de agosto entre 2 062 y 6 000 pesos por litro: de 3,10 a 9,02 dólares. El diésel, entre 1 596 y 3 500 pesos: de 2,40 a 5,26 dólares por litro.
Una semana antes, en Miami, la gasolina regular —frente al B-94 cubano, de mayor categoría— costaba 3,89 dólares por galón y el diésel, 5,29 dólares por galón: alrededor de 1,03 y 1,40 dólares por litro, respectivamente (AAA, 10 de agosto). La comparación es directa porque ambos son precios de mercado, pagados en efectivo.
La brecha es amplia incluso en el extremo más bajo. La gasolina cubana cuesta entre 3 y 8,8 veces el precio de Miami, según el punto del rango que se tome; el diésel, entre 1,7 y 3,8 veces. Y el ingreso de referencia no es el mismo: un salario medio estatal en Cuba equivale a una fracción mínima del salario medio en Florida, así que la brecha en poder de compra es aún mayor que la que muestra el precio por litro.
La comparación no implica sustitución de origen ni anticipa qué ocurrirá durante el resto del año. Lo que la serie sí ayuda establecer es que, un suministro que arrancó marginal, se sostuvo bajo durante el primer trimestre, ya en junio alcanzó una escala que medida contra el ritmo diario, se acerca al nivel que Cuba importaba antes del colapso del suministro venezolano. Sin embargo, los efectos distributivos también son relevantes. Un desplome como este, seguido de una recuperación parcial, ha reconfigurado el mercado de combustibles en la Isla. Frente a la escasez y el disparo de los precios, el poco producto disponible solo puede ser adquirido por el segmento minoritario que puede pagarlo.
Fuentes: U.S. Census Bureau. ONEI, Anuario Estadístico de Cuba 2024 (Tablas 10.7 y 10.11) y Anuario Estadístico de Cuba 2022 (Tabla 10.7). Reuters, noviembre de 2025. Tasas de cambio y precios de combustible del mercado informal cubano, 17 de agosto de 2026 (elToque markets). AAA, precios de Miami, 10 de agosto de 2026
(Tomado de Cuba Economic Review)


Deja un comentario