Cuba en la oscuridad
La falta de electricidad, agua, alimentos y medicinas golpea la vida cotidiana de los cubanos y deja una huella cada vez más profunda en su bienestar y sus expectativas de futuro.
Aurelio Pedroso
Sin precisar por lo claro quiénes son los que “nos han cambiado la vida” porque en ese saco talla extra ocupan sitios unos cuantos, de aquí, allá y acullá, el breve testimonio de una amiga parece aglutinar el pensar colectivo de los cubanos sean o no partidarios del gobierno.
Como tapa al pomo, lo que confiesa mi joven ahijada que recién comienza a sentir los avatares de la vida, alejados de los sueños adolescentes, “No estamos tocando fondo. Vivimos en el fondo”.
Ya en Cuba no se trabaja, ni se come, ni descansa, ni duerme cuando sea indicado, sino cuando por momentos lleguen la electricidad o el agua por breve espacio de tiempo.
Especialistas del departamento de Salud Mental del hospital capitalino Calixto García han emitido una suerte de test del que nadie ha podido escapar. Han retratado por lo claro lo que ningún político ha querido reconocer. La actual situación afecta a toda una nación ya con comportamientos tales como hipervigilancia constante, desesperanza, irritabilidad, conflictos familiares, pérdida de proyectos de vida, entre otros síntomas.
“No estamos ‘locos’. Estamos respondiendo con cordura a una situación insana”, aseguran. Y con todo respeto, si no estamos orates, vamos por ese camino.
Ateo confeso que soy, por momentos me siento cura de parroquia católica encima del púlpito o pastor evangélico, cuando amigos me piden lleve luz, alimentos y medicinas.
En eso estoy. En la medida de las posibilidades de bolsillo y el peso permitido, comprando linternas, lámparas recargables con paquetes de pilas doble y triple A y repelentes para esos vampiros alados. Y si hay ocasión, pues algún que otro medicamento y comida como leche en polvo o puré de papa instantáneo. Nada que requiera frío que ya en Cuba las neveras son objetos decorativos.
Y, así las cosas, como decía el colega Fritz Suárez Silva, nunca mejor dicho que en breve caerán del cielo esas vitales encomiendas porque soy de los que regresan, a lidiar con el toro en la arena y no desde las gradas…
(Tomado de El Boletín)


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