Manuel Juan Somoza/La Habana
Como mínimo llevamos un mes acostándonos sin luz eléctrica y despertando sin ella, de ahí que decidiéramos dejar prendidos el bombillo de la saleta y los ventiladores tradicionales (mudamos el dormitorio para la sala en busca de alguna brisa) a fin de que se activen y nos despierten si a las tres de la mañana el barrio se ilumina.
Ha ocurrido pocas veces, pero gracias a ese recurso de emergencia, Vivian ha sido la primera en abrir los ojos de madrugada y espabilarme para lanzarnos al trajín de cargar lo recargable, subir el agua (si hay) de la cisterna al tanque, fregar, bañarnos a plenitud y todo lo demás que hacemos muchos cubanos en la circunstancia actual.
No obstante, en el último flechazo madrugador ocurrió algo insólito. Ella no despertó y en sueños yo vi la silueta de una mujer rodeada de brillantez que desde una altura de dos metros y sin rostro definido me dijo con voz firme y grave: “¡Manolo, levántate!”.
Así hice, comprobé que la luz había llegado, Vivian dormía hondo, me lancé a la nueva cotidianidad impuesta, después colé café, prendí un H.Upmann con filtro y fue entonces que me vino a la mente la alerta de la mujer sin rostro y supuse que el extraño despertar era resultado de alguna alarma creada en lo recóndito de mi mente.
Es impresionante como el acoso en que vivimos nos transforma. Y es comprobable en los debates espontáneos en las redes sociales o al encontrarse más de dos a la espera del arroz donado por China que repartirán por la libreta de racionamiento.
Incluso ha cambiado hasta la sustancia de los debates callejeros -en instituciones como la Asamblea Nacional, donde se supone ocurran intercambios enjundiosos, lo que abunda son aplausos y repetición de consignas-, pero la calle es un hervidero.
A las tradicionales posiciones y conceptos de revolucionarios o contrarrevolucionarios, de anexionistas o guardianes de la pureza ideológica de la Revolución, se han incorporado otras interpretaciones que ya son tendencias:
-JUNTO CON QUIENES RECHAZAN POR NACIONALISMO ARRAIGADO LA RENDICIÓN que exige Washington, AUMENTAN LOS QUE LO HACEN DESDE LA CRÍTICA a la dirigencia en el poder, por considerarla “inepta administrativamente e incapaz de mantener un contacto REAL con la gente, que es -dicen- la que está pagando con el deterioro de sus vidas el altísimo costo de resistir o conformarse con la subsistencia”.
Suman, en paralelo, quienes CULPAN POR IGUAL de la agonía cubana a la guerra impuesta por Donald Trump y Marco Rubio, y a las estructuras y prácticas de un “socialismo disfuncional – según estiman-, desde antes que comenzara la crisis actual”.
-Y NO FALTAN AQUELLOS QUE DEJAN SU SUERTE y la de la Nación EN MANOS DE DIOS Y ORULA.
Cuba está cambiado y lo hace en medio del dolor punzante y las expectativas inciertas de los “machucados”, como se define y califica mi amiga Estrella a los de a pie.


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