Río San Lorenzo en Upper Canada Villa
Un llavero de El Boletín reaparece 25 años después y revive los inicios de Internet en Cuba.
Aurelio Pedroso/Ottawa
Un encuentro inesperado en Upper Canada Village ha recuperado una parte de la historia de El Boletín de La Habana, el Meliá Cohiba y los primeros pasos de Internet en Cuba.
Más de veinticinco años después de conocerle, un cuarto de siglo para redondear, me encuentro con un hombre que fue elemento clave en la recepción de El Boletín de La Habana en el ya difunto hotel Meliá Cohiba.

Nos vimos en territorio canadiense, a menos de unos 500 metros del estado de Nueva York, sólo con el río San Lorenzo de por medio, en un parque donde las autoridades turísticas y gubernamentales de la provincia de Ontario lograron crear una villa que recordaba cómo se vivía en las zonas rurales hace más de 150 años, con personas vestidas a la usanza de la época y ejerciendo disimiles oficios.
Lo más parecido a subir a una máquina del tiempo para hacer un viaje al pasado. Todo un placer escuchar al herrero, al zapatero, al hilandero, al agricultor, la costurera, al médico o panadero y degustar el pan de entonces. Más de cuarenta edificios históricos patrimoniales fueron trasladados a ese sitio. Una logia masónica fue la última en llegar.
En La Habana, a mediados de los 90s, era el propósito del grupo hotelero Cubanacán, convertir ese hotel en categoría de inteligente. El primero y único en ese entonces en Cuba y muy posiblemente en el área del Caribe que estaría bajo administración del grupo Sol Meliá.
Para ello se requería de jóvenes profesionales capaces de ponerlo en marcha, sin asistencia ni asesoramiento de especialistas extranjeros. Reto que fue cumplido por unos pocos pioneros que también tuvieron a su cargo el recibimiento e implementación de la internet en Cuba.
Uno de ellos, Antonio “Tony” Prado Guilarte es el que ahora tengo en cara a cara, mano a mano, recordando cómo fue aquella aventura tecnológica donde día por día se recibía el texto de El Boletín en el cuarto de control del hotel donde él puso su empeño, sabiduría e interés.
Y en acto completamente inesperado, Tony le dice a su esposa Iraida que ¨sácame eso antes de que se me olvide”. Confieso que pensé se trataba de un presente, pero la sorpresa fue aún mayor.
Intacto, intocable, reluciente en su estuche descansaba un hermoso llavero recordatorio de El Boletín y El Economista bajo la égida del ya fallecido Carlos Humanes. Con la primera edición de El Boletín de La Habana tuve el placer de entregárselo a Tony, quien marchó de Cuba con el obsequio también ya museable a estas alturas.

Nada mejor que Upper Canada Village, que rememora meticulosamente el pasado rural canadiense para hacer otro tanto con El Boletín y dar por sentado eso tan socorrido de “recordar es volver a vivir”. Motivos muy profesionales y humanos tiene el ingeniero Tony para añorar aquellos tiempos.

(Tomado de El Boletín)


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