A MITAD DEL OCTAVO

Manuel Juan Somoza/La Habana

Entramos en la última mitad de agosto, mes de mosquitos y calor irritante, mientras en Miami las bases trumpistas se impacientan – “el régimen sigue al mando”- y en Cuba se arraigan dos planos de la tensa realidad nacional, al parecer desconectados.

Del otro lado de la acera, comienzan a inquietarse por la agonía impuesta a los suyos , sin que se registre el desenlace prometido, quienes no han olvidado a las familias que dejaron en la isla y apoyaron el cerco petrolero y la persecución al detalle de cualquier ingreso en moneda fuerte a fin de alcanzar la rendición del gobierno nacional y “liberar al país del comunismo”.

“Seremos pacientes y realistas”, ha dicho el secretario de Estado Marco Rubio, artífice del ahogo implementado desde enero con el visto bueno del presidente Donald Trump, quien sigue enredado en su guerra contra Irán.

“¡NO veo avances, lo único que nos dicen es que hay que tener calma , pero mis padres son viejos y cada día están más jodidos: sin luz, cargando agua a cubos y comiendo lo que yo les mando”, comentó en transmisión desde Miami un cubano que aseguró ser “ciudadano americano y (votante del partido) republicano de corazón”.

Empero, los demás trumpistas mantienen su aplauso a Rubio y la esperanza de que se realice una invasión de los marines, no porque tengan intención de volver a residir en el país en que nacieron, sino para sentirse vencedores -aunque en realidad nunca lo sean- , al tiempo que empresarios poderosos calculan costos y beneficios por si pueden apropiarse de la amplia infraestructura turística cubana o del moderno puerto de aguas profundas del Mariel o de las minas de cobre y níquel del este de la isla.

En Cuba, en tanto, los medios estatales ponen el acento en reflejar normalidad y priorizan las reseñas de la vida institucional, es decir, los discursos del presidente ante representantes de organizaciones llegadas de medio mundo por el centenario del natalicio de Fidel Castro, o la Feria Internacional del Libro, reflotada después de ser suspendida a inicios de año por la complejidad del momento, o algún buen resultado económico, demasiado puntual para generalizar el optimismo, al tiempo que la vida va de salto en sobresalto, dejando a las redes sociales (principal fuente de información del país) el reflejo bien o mal intencionado de esa otra realidad.

Veinticuatro o 30 horas consecutivas sin luz, con espacios de 50 minutos o tres horas de corriente; hospitales públicos otrora orgullos de la Nación, ahora salvando muchas menos vidas a falta de combustible para mantener la vitalidad eléctrica en un quirófano; plantas de agua potable trabajando a un cuarto de máquina por similar razón; los precios de alimentos y servicios vitales en manos de especuladores, y la mayoría de la gente inventando su sobrevivencia.

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