Vista de un atardecer en Ottawa
Aurelio Pedroso/Ottawa
La única similitud o coincidencia entre La Habana y Ottawa es que quizá tengamos la misma hora. Y a mucho tirar, que nos gustan mucho las playas de la isla, que tanto canadienses (primer mercado) como cubanos nos resulta muy difícil conseguir por el momento.
El combustible en modo de nudo gringo en la cuerda del solaz esparcimiento.
Y justo a las ocho de la noche, que todavía por acá hay luz solar y también eléctrica (ya deben saber me refiero a la hoja de arce en bandera) llega el aviso a todos los celulares, la advertencia en letras rojas, que se acerca un tornado o tormenta de gran magnitud.
Indican, además, que todos al sótano o “basement” de cada casa, que lleven algún que otro alimento y también una linterna o lámpara por si las moscas. Ni lento ni perezoso saco de mi maleta, convertida en bolso de sobrevivencia, el equipo correspondiente destinado a Cuba. Y mire, usted, nos persiguen los apagones. Suerte que tiene el cubano dirían los más viejos.
En casa, bajan galletas y sardinas al sótano; en la calle han desaparecido los paseantes de perros de múltiples razas, que son muchos. También, los niños que disfrutan el pedaleo en bicicletas o carriolas eléctricas. En el campo deportivo público de la zona, los jóvenes hacen su último tiro “baloncestico” al cesto para regresar con tranquilidad a los hogares. Nadie en la vía pública. Hasta conejos, ardillas y marmotas, entre otros, a buen recaudo.
El celular indica si deseas seguir el rumbo de una inmensa nube roja que se acerca. Le respondes que sí. Ahí la tienes avanzando con precisión británica. De repente, pasados unos minutos, comienzan a moverse con desorden, como diría la poetisa Carilda Oliver, las copas de los árboles al tiempo que arrecia la lluvia. Gris el panorama y no en sentido figurado.
Como que llevamos en sangre el choteo o relajo aún en amargos momentos, sugiero abrir la lata de sardinas y repartir a partes iguales las galletas integrales, pero me aclaran que aún no es el momento.
Como por arte de magia o capricho de la madre naturaleza con esas frecuentes manifestaciones de rebeldía, cesa el peligro. Desaparece la nube roja. Con ella, las galletas y las sardinas. Niños y jóvenes regresas a sus momentos finales antes de marchar calabaza a calabaza.
En La Habana, el NTV está a punto de terminar con pocas informaciones relevantes. La pareja de conductores se despide y agradece la sintonía hasta otra ocasión. Se hace la noche en ambas capitales. Mucho más oscura en La Habana que en Ottawa, donde ahora mismo el partido liberal y ciudadanía piden al gobierno declarar Persona no grata al Pete Hoekstra, embajador estadounidense, por meter narices y boca en asuntos internos del país.
En algo nos parecemos con tornados e injerencias.
(Tomado de El Boletín)


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