7 de agosto
Si bien el creciente interés de la administración Trump en Cuba no es nuevo, informes de esta semana sugieren que estos esfuerzos se han expandido de forma encubierta en los últimos meses. Un nuevo informe de POLITICO indicó que Estados Unidos ha incrementado su presencia de inteligencia en la isla, mientras que The New York Times informó que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) ha creado un grupo de trabajo específico para Cuba, lo que le permite destinar recursos adicionales a operaciones en la isla. Como señaló The New York Times , esta no es la primera vez que el gobierno estadounidense establece un grupo de trabajo para Cuba; un proyecto similar se llevó a cabo en 1960 para apoyar la invasión de Bahía de Cochinos.
Según se informa, el objetivo del nuevo grupo de trabajo es fomentar divisiones entre los funcionarios cubanos para reemplazarlos por otros más afines al gobierno estadounidense, en lugar de entrenar una fuerza de oposición como se hizo en 1960. Si bien el aumento de la actividad de inteligencia no implica necesariamente una acción militar inminente, puede proporcionar las capacidades y la información necesarias para respaldar diversas opciones, incluidas operaciones militares.
Al mismo tiempo, una nueva entrevista de Axios con el secretario de Estado Marco Rubio sugiere que la estrategia inmediata del gobierno consiste en ejercer una presión económica y política constante, en lugar de anunciar públicamente un calendario para una acción militar. El secretario Rubio describió un esfuerzo por eliminar las «válvulas de escape» económicas que aún conserva Cuba y enfatizó la importancia de la paciencia y la perseverancia. Afirmó que la presión continuará durante los dos años y medio que le quedan al gobierno, y que se prevén sanciones adicionales.
Las declaraciones del secretario Rubio sugieren que el gobierno considera actualmente la presión económica prolongada, el aislamiento internacional y el fomento de divisiones dentro del gobierno cubano como sus principales herramientas para generar un cambio político. El objetivo aparente es impedir que La Habana espere a que termine el gobierno o encuentre nuevas fuentes de ayuda económica, manteniendo al mismo tiempo la incertidumbre sobre la posibilidad de que se tomen medidas más directas.
A pesar de las crecientes amenazas, el gobierno cubano sigue sin mostrarse dispuesto a ceder ante las exigencias de Washington. Esto quedó reflejado en una entrevista la semana pasada con el viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, quien declaró a The New York Times que la estrategia cubana consiste en implementar reformas económicas y abrir el país a la inversión extranjera, llegando incluso a sugerir que el propio presidente Trump podría invertir en Cuba. Sin embargo, reconoció una realidad incómoda: si Estados Unidos está decidido a emprender acciones militares contra Cuba, el gobierno cubano tiene muy pocas posibilidades de impedirlo.
Esta combinación de creciente presión externa, resistencia persistente al cambio político y dificultades internas continuas plantea interrogantes más amplios sobre la viabilidad de las reformas económicas anunciadas por La Habana en junio. El gobierno intenta abordar las arraigadas debilidades estructurales de la economía en un momento en que el acceso a los mercados internacionales, la inversión y el combustible se ve cada vez más restringido, lo que aumenta la incertidumbre sobre el éxito de la reforma.
Un nuevo análisis publicado por el economista cubano Ricardo González para CEDA, titulado « Reforma económica cubana en medio del aislamiento: cuatro escenarios», examina esta tensión. González sostiene que las 176 medidas anunciadas por el gobierno cubano en junio representan un cambio significativo con respecto a los esfuerzos de reforma anteriores, ya que abordan aspectos fundamentales del modelo económico del país, como la propiedad estatal, los incentivos, la actividad del sector privado y la autonomía de las empresas estatales. Sin embargo, muchas de estas reformas dependen precisamente de los recursos a los que Cuba tiene cada vez más dificultades para acceder: capital extranjero, tecnología, importaciones, financiamiento y mercados internacionales.
González describe cuatro posibles trayectorias para el proceso de reforma. En caso de parálisis y retroceso , el empeoramiento de las condiciones económicas y la resistencia política podrían impedir la implementación de las reformas o llevar al gobierno a abandonarlas. En caso de reforma parcial en medio de un aislamiento continuo, La Habana podría implementar algunos cambios, aunque con acceso limitado al capital y los mercados internacionales. Un tercer escenario implica sostener la reforma mediante un giro hacia socios internacionales alternativos, con Cuba profundizando sus relaciones económicas fuera del sistema financiero y comercial liderado por Estados Unidos. El cuarto escenario sería una reforma acelerada tras una distensión con Estados Unidos, lo que le daría a Cuba mayor acceso a la inversión, el comercio, la tecnología y el financiamiento.
González considera que, en las condiciones actuales, la combinación de reformas parciales y la búsqueda de socios internacionales alternativos es la trayectoria más probable. Esto podría contribuir a estabilizar la economía y prevenir un mayor deterioro, pero probablemente no alcanzaría la magnitud de transformación necesaria para abordar los problemas económicos más profundos de Cuba. Los escenarios demuestran que el éxito de la agenda de reformas cubanas dependerá no solo de la voluntad o capacidad de La Habana para implementar sus propias medidas, sino también del entorno externo en el que se desarrollen dichas reformas.
El entorno externo se está volviendo cada vez más difícil. Las nuevas sanciones anunciadas esta semana, la supuesta expansión de las operaciones de inteligencia estadounidenses y la descripción del secretario Rubio de una campaña paciente para cerrar las últimas «válvulas de escape» económicas de Cuba indican que el gobierno pretende impedir que La Habana encuentre la ayuda externa suficiente para estabilizar la economía. Todo esto podría restringir aún más el capital, la tecnología, el comercio y la inversión necesarios para que las reformas de junio sean viables. Al mismo tiempo, Cuba ha tenido dificultades para obtener un apoyo económico significativo de muchos de sus socios tradicionales, incluidos México y Rusia. Si bien una asistencia más limitada de países como Uruguay, España, Brasil, Vietnam y otros puede proporcionar un alivio temporal, es improbable que compense estas crecientes presiones, dejando a Cuba cada vez más aislada económicamente y más dependiente de un círculo cada vez menor de socios internacionales.
El análisis de González ofrece, por lo tanto, una perspectiva importante para comprender lo que está en juego en el momento actual. La cuestión no es simplemente si Cuba se reformará, sino si es posible una transformación económica significativa mientras el país permanece cada vez más desconectado del sistema internacional y si alguna de las partes tiene incentivos para modificar una trayectoria que resulta cada vez más difícil de revertir.
(Tomado de weareceda.org)


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