Apuntes cubano-canadienses o aquello del cascabel al gato

Apuntes cubano-canadienses

Una anécdota sobre Canadá sirve al autor para reflexionar sobre las viejas fábulas, los problemas de Cuba y las recientes amenazas de Washington.

Aurelio Pedroso/Ottawa

Hace muchos años, tantos que ocurrió en mi ya lejana juventud, se lo escuché contar a la amiga Cristina, recién llegada del exterior de la isla. Entonces, con los dedos de una mano, que son cinco por el momento, se podían contabilizar los cubanos que visitaban un país capitalista.

Vaya usted a saber si fue una tomadura de pelo porque sabida es la capacidad de fantasía y ocurrencias de los que vivimos en este país.

Entre otras sorpresas, que a mi juicio eran tan raras como imposibles para ser ciertas, estaba que en Canadá era de obligatorio cumplimiento ponerles un cascabel a los gatos  para que, en contra de su voluntad, alertaran a los pájaros la proximidad de un ataque letal.

Entonces pensaba, y ahora lo confirmo, que cuando un parlamento ocupa tiempo en discutir este asunto es porque problemas más serios los tienen solucionados como en aquellos episodios dorados de Olof Palme en Suecia que todo estaba tan bien que era de los primeros en el mundo por el índice se suicidios tal vez por la mera curiosidad de quitarse la vida para comprobar si existía el más allá o si se vivía todavía mejor.

Mucho, diría que demasiado, ha cambiado el mundo desde aquellos años 60s. Cuba tampoco se ha quedado rezagada en esas volteretas.

Esto de colocar cascabeles, acompañado de la enseñanza correspondiente, se lo debemos al esclavo griego devenido filósofo llamado Esopo para hacernos comprender mediante la fábula lo difícil que en ocasiones resulta encontrar quien tenga valor y sabiduría para solucionar un problema.

Líbrenos de todo mal, como sentencia la oración, que en Cuba sean Trump o Marco Rubio quienes pongan esa esfera de metal al gato, aunque en algún costado aparezca que ha sido fabricada en China.

Todo lo contrario. A ellos es a quienes debe colocársele después de esa nueva amenaza de exterminio sin prisa, pero con pausa que ha formulado el secretario de Estado con sangre cubana.

El gato está suelto y haciendo de las suyas…

(Tomado de El Boletín)

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