Notas sobre una reforma limitada: cuatro escenarios para la transformación económica en Cuba

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Pedro Monreal

Mi colega Ricardo González Águila ha presentado, de forma concisa, la que, a mi entender, es la primera propuesta formulada en Cuba para incorporar un nivel de análisis prospectivo al paquete de 176 medidas.

Se trata de una contribución útil porque cubre una laguna importante en la presentación oficial de las 176 medidas. Este componente no está incorporado explícitamente en el diseño ni en la lógica interna del paquete, que no incluye un ejercicio de escenario formal ni una prueba de robustez.

El texto del Dr. González Águila suscita nuevas reflexiones sobre cinco aspectos: el aislamiento frente a la integración internacional, la geopolítica y la estrategia económica, la incertidumbre y la probabilidad de los escenarios, las estrategias transversales sólidas y la evaluación de la capacidad transformadora del paquete.

Denominación precisa: ¿aislamiento o cambio en la integración internacional periférica y vulnerable?

Utilizar el “aislamiento” como eje para los escenarios tiende a reducir la complejidad del análisis de las 176 medidas.

El término sugiere una relación binaria y, sobre todo, pasiva con la economía global: estar «dentro» o «fuera».

Esto plantea varias limitaciones analíticas:

– Convierte una realidad compleja en una dicotomía —aislado/no aislado— cuando los factores decisivos son la calidad, la estructura, la densidad y la vulnerabilidad de los vínculos externos.

– Favorece una explicación causal que puede subestimar factores internos como el diseño institucional, los incentivos y la capacidad de aprovechar las oportunidades existentes.

– Esto dificulta el análisis de gradientes y trayectorias. Una economía puede insertarse de forma precaria, concentrada, dependiente o con bajo valor añadido sin estar aislada.

– Esto desplaza el debate hacia si el aislamiento se ha roto o no, en lugar de preguntarse qué tipo de inserción se está construyendo —o podría construirse— y con qué riesgos y oportunidades.

En cambio, hablar de una mutación en la «inserción económica internacional» es más preciso y operativo, porque permite examinar la diversificación de socios, productos y mercados; el acceso a la financiación, la tecnología y las cadenas de valor; los regímenes cambiarios y de comercio exterior; el papel de la inversión extranjera y la diáspora; la apropiación de rentas internas; y la vulnerabilidad y la capacidad de adaptación a las perturbaciones externas.

Por lo tanto, sería más útil reformular los cuatro escenarios del Dr. González Águila desde la perspectiva de los patrones de inserción internacional. Este enfoque permitiría evaluar mejor la solidez de cada trayectoria ante futuros alternativos y evitaría reducir el debate a la mera presencia o ausencia de vínculos externos.

Propongo adoptar la siguiente perspectiva para enmarcar la definición de múltiples escenarios: en 2026, Cuba habrá pasado de una inserción internacional «periférica, restringida, segmentada y altamente vulnerable» a otra que es «periférica, restringida por sanciones, dualizada y de muy alta vulnerabilidad».

La segunda formulación conserva la caracterización anterior al endurecimiento de las sanciones de 2026 —periférico, restringido, segmentado y vulnerable— y añade los rasgos que surgieron o empeoraron tras el endurecimiento de las sanciones: mayores restricciones, dualización de los circuitos externos y mayor vulnerabilidad.

• Mayor restricción debido a las sanciones: menor acceso a capital, financiación, seguros, transporte y mercados, junto con la retirada o reducción de socios tradicionales europeos, canadienses y de otros países como consecuencia del endurecimiento de las sanciones estadounidenses.

· Dualizado: coexistencia de un circuito estatal cada vez más limitado, orientado hacia socios no occidentales o de bajo riesgo, junto con un circuito privado emergente que opera parcialmente a través de excepciones, canales informales o terceros países.

• Vulnerabilidad muy alta: mayor dependencia de flujos volátiles (remesas residuales, servicios médicos y socios ocasionales) y mayor exposición a crisis geopolíticas y energéticas, con poco margen de maniobra.

La geopolítica como factor condicionante, no como eje del análisis.

Es aconsejable revisar críticamente la premisa de que los escenarios deben construirse a partir del “problema geopolítico: la reforma desde el aislamiento”.

La geopolítica es fundamental para desbloquear el estancamiento de las sanciones estadounidenses, preferiblemente por vía diplomática, ya que sin un alivio externo significativo, el margen económico sigue siendo muy estrecho. Sin embargo, el análisis no debe limitarse a Washington: potenciales aliados como Rusia, China, México o Brasil no parecen tener hoy la capacidad ni la voluntad suficientes para compensar eficazmente las restricciones derivadas del endurecimiento de dichas sanciones.

Aun así, ni el levantamiento de las sanciones por parte de Estados Unidos ni una eventual reconfiguración de las alianzas serían suficientes por sí solos. Superar una posición periférica, sujeta a sanciones, con funciones duales y altamente vulnerables requiere una estrategia económica coherente: reglas claras, incentivos productivos, atracción de capital, diversificación de las exportaciones y capacidad para absorber inversión y tecnología. Sin dicha estrategia, incluso una menor presión geopolítica tendería a reproducir vínculos externos de escaso dinamismo.

Para evitar malentendidos, la geopolítica —en especial el endurecimiento del régimen de sanciones estadounidenses en 2026— debe entenderse como un factor dominante que reduce el margen de maniobra de la estrategia económica cubana. Sin embargo, esto no convierte el paquete de 176 medidas, ni la evaluación de sus escenarios, en una cuestión estrictamente geopolítica.

La geopolítica se ocupa del poder, la influencia, la seguridad y el posicionamiento estratégico entre los estados; no define directamente objetivos como el crecimiento, la productividad o el equilibrio externo.

Un enfoque predominantemente geopolítico tiende a subordinar los objetivos de desarrollo a criterios de poder y alineación. Esto aumenta la vulnerabilidad, reduce la eficacia de la intervención externa y dificulta la creación de vínculos sostenibles y de mayor valor.

Los factores geopolíticos son importantes como limitaciones, pero no deben convertirse en el objeto principal del análisis. Cuando esto sucede, se debilita el rigor económico: el examen de los incentivos, los costos y beneficios, la competitividad, la secuencia de las reformas y los resultados del desarrollo pierde relevancia.

Un enfoque excesivo en la geopolítica genera varios riesgos:

· El debate pasa de “qué tipo de inserción genera más valor añadido y menos vulnerabilidad” a “con quién aliarse”.

· Las opciones suelen evaluarse sobre todo por su compatibilidad política o ideológica, y solo posteriormente por su viabilidad económica.

Se reduce el espacio para los debates técnicos sobre los mercados de divisas, la atracción de inversión extranjera directa, la diversificación de las exportaciones y el diseño de políticas.

· El análisis tiende a polarizarse y a adoptar un tono excesivamente normativo.

Un paquete de medidas destinado a modificar la integración internacional es, por naturaleza, un instrumento de estrategia económica. La geopolítica actúa como una restricción, una oportunidad o una limitación externa, pero no sustituye la naturaleza económica del programa.

En un contexto de fuertes tensiones geopolíticas como el de Cuba, la lógica rectora debe seguir siendo económica si el objetivo es maximizar la contribución de la integración internacional al desarrollo. La geopolítica debe incorporarse como una limitación, no como un objetivo primordial.

Cuando la probabilidad se vuelve discutible

Es aconsejable refinar la caracterización probabilística de los escenarios, ya que los criterios utilizados para calificar la probabilidad de materialización de cada uno no están claros.

Escenario 1: Reforma truncada y posterior reversión : muy probable.

Escenario 2: Reforma parcial en condiciones de aislamiento — escenario central.

Escenario 3: Reforma sostenida mediante la reorientación geopolítica : improbable como sustituto total de los lazos perdidos, aunque podría evitar el colapso y sostener una transformación parcial.

Escenario 4: Apertura externa y aceleración de las reformas : no sería el más probable.

Escenario combinado 2 y 3: trayectoria más probable.

La incertidumbre describe situaciones en las que no es posible asignar probabilidades fiables o medibles a los posibles resultados; por esta razón, a menudo se habla de «probabilidad no cuantificable».

En condiciones de alta incertidumbre —o profunda incertidumbre— como las que rodean la dinámica económica, social y política de Cuba, asignar probabilidades a los escenarios de un paquete de medidas económicas resulta problemático. Por lo tanto, afirmaciones como «lo más probable», «no sería lo más probable» o «fundamental» se basan en fundamentos metodológicos débiles.

Esto no impide formular juicios sobre lo que podría suceder, pero esas evaluaciones no pueden cuantificarse con precisión.

Un ejemplo es el escenario 4, Apertura externa y aceleración de la reforma , asociado a una reducción de las tensiones con Estados Unidos mediante la negociación, un cambio de política o algún acuerdo limitado. En la clasificación del Dr. González Águila, se presenta como un escenario que «no es el más probable».

Sin embargo, aunque ese escenario pueda tener una baja probabilidad inicial, su materialización depende de umbrales críticos, como un acuerdo energético mínimo o un cambio en el cálculo político en Washington. Una vez que se superen ciertos umbrales de costo-beneficio para ambas partes, su probabilidad condicional podría aumentar de forma no lineal.

Presentarlo simplemente como «no muy probable» a corto plazo puede paralizar el análisis y desviar la atención de los factores que podrían activarlo. Sería más útil identificar indicadores tempranos capaces de aumentar su probabilidad condicional, en lugar de relegarlo a una categoría residual.

Esta observación no afirma que el escenario 4 sea el más probable; más bien, plantea que clasificarlo categóricamente como «no el más probable» a corto plazo es metodológicamente vulnerable.

En condiciones de profunda incertidumbre, es aconsejable priorizar la robustez, los escenarios y los enfoques estratégicos de bajo riesgo, un tema que se aborda a continuación.

El enfoque que se debe incorporar: estrategias sólidas para los escenarios.

La propuesta de escenarios del Dr. González Águila ofrece a funcionarios y académicos la oportunidad de intercambiar puntos de vista sobre el componente analítico, que está prácticamente ausente del paquete de 176 medidas.

El paquete de medidas parece estar orientado principalmente a responder a la situación actual y a preservar el modelo político-económico existente, en lugar de diseñar una política económica sólida ante la profunda incertidumbre.

Por lo tanto, el énfasis del análisis debería pasar de «¿cuál es el futuro más probable?» a «¿qué acciones mantienen un desempeño aceptable, incluso si el futuro se desvía sustancialmente de los escenarios previstos?».

El desafío consiste en evaluar variantes estratégicas capaces de funcionar razonablemente bien en un amplio abanico de futuros posibles. Estas estrategias —robustas, resilientes o adaptativas— no buscan maximizar los resultados en un escenario específico, ni siquiera en el más probable, sino mantener un rendimiento satisfactorio en la mayoría de los futuros plausibles. A cambio de cierta eficiencia en el escenario óptimo, ganan tolerancia ante lo inesperado y la diversidad de posibles trayectorias.

La solidez de un conjunto de medidas no reside en la mera enumeración de escenarios alternativos, sino en el uso analítico y de diseño que se haga de ellos. Requiere evaluar el desempeño de cada medida en diferentes escenarios, identificar los componentes que garantizan resultados aceptables en un amplio abanico de futuros (acciones de bajo riesgo) e incorporar flexibilidad, modularidad, puntos de decisión, mecanismos de ajuste, indicadores tempranos y vías de adaptación.

Enumerar cuatro escenarios, aunque sean relevantes, constituye un ejercicio de diagnóstico o contextualización. Por sí solo, no modifica la arquitectura, la secuencia ni los mecanismos de implementación de las 176 medidas; por lo tanto, tampoco las hace intrínsecamente más robustas.

El tema tiene una relevancia práctica inmediata: se está construyendo rápidamente un marco regulatorio sin que existan pruebas públicas de que el diseño institucional de las 176 medidas haya sido sometido a pruebas de robustez en múltiples escenarios.

Un análisis de robustez de las medidas de política económica ayuda a evitar la falsa precisión de asignar probabilidades en condiciones de alta incertidumbre y centra la atención en lo esencial: identificar trayectorias capaces de mantener un rendimiento aceptable, incluso si el futuro se desvía significativamente de lo esperado.

¿Tienen las 176 medidas suficiente capacidad transformadora?

La propuesta de escenario de mi colega Ricardo González parte de la premisa de que el paquete de 176 medidas tiene una vocación transformadora, aunque aclara que esto «no significa que la transformación vaya a producirse o que, si se produce, vaya a tener éxito».

El análisis ganaría en solidez si examinara críticamente lo que podría interpretarse como el supuesto oficial sobre la viabilidad del paquete.

Si bien los textos y presentaciones oficiales no afirman explícitamente que las 176 medidas sean viables en cualquier escenario, el discurso predominante apunta a «hacer lo necesario para preservar lo esencial» mediante la actualización del modelo, la ampliación de los poderes de los agentes económicos y la generación de dinamismo interno a pesar de las restricciones externas .

La vocación transformadora del paquete implica un rediseño relativamente significativo del modelo económico: mayor autonomía y orientación al mercado para las empresas estatales, expansión y flexibilidad operativa para el sector privado, facilidades para la inversión extranjera —incluida la diáspora—, fortalecimiento de los mecanismos de mercado, focalización de los subsidios y descentralización. Esto buscaría aumentar la productividad, atraer capital, impulsar las exportaciones y mejorar la inserción externa, sin renunciar al control político del Partido Comunista de Cuba (PCC) sobre el Estado.

La cuestión central es si este paquete puede ser realmente viable bajo las limitaciones externas que han llevado a una inserción internacional «periférica, restringida por sanciones, dualizada y altamente vulnerable».

Sin una reducción sustancial de las sanciones estadounidenses, la aspiración transformadora de las 176 medidas parece solo parcialmente viable. Podría generar cambios graduales y selectivos de cierta importancia, pero tendría poca capacidad para producir una transformación estructural profunda, sostenida y a escala macroeconómica, capaz de revertir el colapso productivo, restablecer los equilibrios externos y establecer un nuevo patrón de crecimiento. En ese contexto, el paquete podría aliviar presiones específicas y estimular un dualismo económico más dinámico, aunque con efectos fragmentados, un bajo impacto global y vulnerabilidad a los retrocesos.

Las restricciones asociadas al endurecimiento de las sanciones no son marginales: afectan directamente a los canales a través de los cuales las reformas internas podrían traducirse en resultados transformadores, como la inversión extranjera, las exportaciones, la balanza de pagos y la acumulación de capital.

En resumen, sin una reducción sustancial de las sanciones estadounidenses, las 176 medidas serían viables como un programa parcial de ajuste y modernización, capaz de generar mejoras selectivas y preparar el terreno institucional. Sin embargo, no parecen viables como una estrategia transformadora integral, ya que carecen de la libertad de acción externa necesaria para convertir los cambios normativos en un salto cualitativo en productividad, inversión e integración internacional. En estas condiciones, la probabilidad de que el paquete alcance su plena capacidad transformadora es baja.

Coda.

Agradezco al Dr. Ricardo González Águila por desarrollar su propuesta de escenarios, un ejercicio oportuno y necesario en un momento de profunda incertidumbre para la economía cubana. Su contribución ofrece un marco útil para reflexionar y debatir sobre las posibles trayectorias de las 176 medidas y, en general, de cualquier proceso de cambio. Espero que este trabajo impulse un debate riguroso, plural y sostenido sobre la viabilidad de las diferentes propuestas de transformación económica que circulan actualmente, de modo que el análisis no se limite a diagnosticar restricciones, sino que también promueva la identificación de estrategias capaces de generar resultados efectivos para el desarrollo económico, social y político de la nación cubana.

Nota : El texto del Dr. Ricardo González Águila, “La reforma económica cubana frente al aislamiento: cuatro escenarios”, del 5 de agosto de 2026, publicado por CEDA, puede consultarse en el siguiente enlace.

(Tomado del  Pedro en Substack de Pedro)

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