Dolarización parcial profundiza brechas entre las familias cubanas

La expansión de tiendas y servicios en divisas obliga a los hogares a reorganizar sus ingresos y consumo, mientras marca profundas brechas entre las familias cubanas.

 Redacción IPS Cuba 

Sandra Gutiérrez recibe un salario mensual de 13 mil pesos cubanos (CUP) como doctora especialista en primer grado en ginecología y obstetricia del Hospital Materno Ramón González Coro. Cada mes realiza conversiones en su cabeza como la mayoría de las familias cubanas que no acceden a dólares.

Al cambio de referencia utilizado para esta nota, teniendo en cuenta la tasa oficial del Banco Central de Cuba, el salario de esta médico equivale a 21 dólares estadounidenses.

Para ella, que vive con su esposo y depende fundamentalmente de ingresos en moneda nacional, esa cantidad no alcanza para cubrir las necesidades básicas de su familia.

«Este mes utilicé el cobro para buscar alimentos en las tiendas que operan en dólares. Específicamente compré un paquete de media pechuga de pollo (13,80 dólares) y un cartón de huevos (5,95 dólares), el menudo restante me lo devolvieron en sazones», explica.

La situación refleja una realidad cada vez más extendida en la Cuba actual marcada por la crisis.

Tener dólares no es suficiente 

Los ingresos se reciben principalmente en moneda nacional, mientras una parte creciente de la oferta de alimentos, productos de aseo y otros bienes se organiza alrededor de monedas extranjeras o requieren tarjetas asociadas a las divisas.

Los ingresos se reciben principalmente en moneda nacional, mientras una parte creciente de la oferta de alimentos, productos de aseo y otros bienes se organiza alrededor de monedas extranjeras o requieren tarjetas asociadas a las divisas.

Salario promedio en Cuba

El salario medio mensual en Cuba alcanzó los 7 074 pesos en abril de 2026, según la Oficina Nacional de Estadística e Información, que reporta este indicador en el sector estatal y mayor empleador del país.

Sin embargo, la depreciación sostenida del peso cubano frente al dólar ha reducido significativamente su capacidad de compra.

Si se toma como referencia la cotización del mercado informal en junio de 2026, ese ingreso equivale a poco más de 10 dólares, cuando un año antes representaba alrededor de 16.

El 22 de julio se anunció un aumento salarial al sector presupuestado, legalizado a través de varias resoluciones, que beneficia con ligeros aumentos en pesos cubanos a deportistas, personal de la salud y educación, entre otros.

Ante esta realidad, los hogares combinan diferentes fuentes de ingreso: salarios estatales, trabajos privados, actividades informales y ayudas de familiares en el exterior. La moneda disponible condiciona cada vez más las decisiones de consumo.

Para Leonel García, trabajador de la multiplataforma TeleSUR, recibir sus ingresos en moneda libremente convertible representa una ventaja frente a quienes dependen exclusivamente del peso cubano. Le permite acceder a establecimientos donde encuentra productos que no siempre están disponibles en la red tradicional de comercio.

Sin embargo, asegura que disponer de divisas no significa que comprar sea sencillo ni que esas tiendas estatales sean siempre la opción más conveniente.

«En muchas ocasiones prefiero cambiar gran parte del dinero a CUP y comprar los productos en los mercados de las mipymes porque sale más barato a pesar de la subida de los precios. En la tienda 100 dólares se gastan como agua y no siempre encuentras variedad», explica.

Su experiencia muestra otra dimensión del fenómeno. La dolarización parcial no solo establece diferencias entre quienes tienen acceso a moneda extranjera y quienes no, sino que también obliga al consumidor a comparar constantemente precios, mercados y tasas de cambio para proteger sus ingresos.

Una política que cambió la dinámica del consumo

La dolarización parcial de la economía cubana fue presentada por las autoridades como una respuesta a la falta de divisas y a la expansión de un mercado cambiario informal que convirtió al dólar en una referencia para fijar precios, incluso cuando las operaciones se realizaban en pesos cubanos.

En julio de 2024, el primer ministro Manuel Marrero aseguró ante la Asamblea Nacional que la visión del gobierno no era dolarizar la economía, aunque defendió la necesidad de transitar por determinadas operaciones en divisas dentro del contexto económico del país.

Meses después, en enero de 2025, las autoridades definieron la dolarización parcial como un proceso necesario para captar las divisas que circulaban fuera del sistema bancario y ponerlas «en función del bienestar de la población».

En un primer momento, la medida debía aplicarse de manera excepcional a determinadas actividades, entre ellas el turismo, las Casas de Habano, las farmacias y ópticas internacionales, las clínicas y algunos servicios aeroportuarios.

Sin embargo, el Programa de Gobierno aprobado en febrero de 2025 incorporó la dolarización parcial de la economía como una de sus líneas de actuación, junto con la transformación del mercado cambiario y nuevos mecanismos para gestionar, controlar y asignar las divisas.

Para muchas familias, el costo de la canasta básica continúa creciendo más rápido que sus ingresos

Para muchas familias, el costo de la canasta básica continúa creciendo más rápido que sus ingresos

El costo social 

Captar las divisas necesarias para sostener importaciones y reactivar la producción sin profundizar las diferencias sociales ha sido uno de los principales dilemas que ha subrayado la ampliación de la dolarización.

Ahora, las transformaciones económicas aprobadas en junio de 2026 y conocidas como «las 176 medidas», incorporan nuevas formas para extender el uso de divisas a determinadas operaciones interempresariales y comerciales, además de contemplar cambios en los mecanismos de gestión de la moneda extranjera.

Con estas acciones, el Estado busca incrementar la disponibilidad de divisas dentro del sistema financiero y fortalecer su capacidad para respaldar la actividad económica. En ese sentido, economistas han advertido que el resultado de estas políticas dependerá de su capacidad para estimular la producción nacional y recuperar el poder adquisitivo del peso cubano.

De lo contrario, la expansión de las operaciones en divisas podría consolidar una economía cada vez más segmentada, donde las oportunidades de consumo estén determinadas no solo por los ingresos laborales, sino por la moneda en que esos ingresos llegan al hogar.

Para Sandra, esa discusión económica se resume en hacer conversiones constantes, comparar precios y decidir qué gastos pueden esperar hasta el próximo mes. Un año después de la expansión de los mercados en divisas, ese cálculo forma parte de la rutina de la mayoría de las familias cubanas que intentan sostener sus hogares. (2026)

(Tomado de IPS/Cuba)

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