Delegación de Meliá en La Habana.
Aurelio Pedroso/La Habana
Ignoro quién en estos amargos momentos podrá pronunciar la oratoria fúnebre en las exequias de Meliá Hoteles en Cuba. Dará igual si lo hace un cubano o un español. Cualquiera de los dos sería adecuado.
En realidad, la merece después de 36 años de servicio en la isla ahora abortados por presiones y chantajes de los más bajos posibles protagonizados por el clan Trump-Rubio.
Meliá hizo historia. No fueron pocos los que aprendieron el arte y las mañas de conducir hoteles de categoría. Un nombre me viene a la memoria, el mallorquín Francisco Camps, un hombre que se tomó muy en serio su responsabilidad. No hay quien trabajara bajo sus órdenes que le reproche absolutamente nada. Por el contrario, sumo agradecimiento. No necesitó de mucho tiempo para conocer cómo pensaba el cubano. El “ya tu sabes” era una expresión que manejaba muy bien.
A Camps lo conocí allá por 1995 a través de mi amigo Manolito García. El Meliá Cohíba pronto se pondría en marcha y precisaba para la Planta Real un servicio de información básicamente económica, de finanzas y bolsa.
La propuesta fue enviada a Madrid. Carlos Humanes, su director, envió a la isla al subdirector Jesús García, profesional y humano fuera de serie, quien propició el arranque del servicio. Sólo dos personas se encargarían de recibir la información y en ocho páginas tipo tabloide darle vida a El Boletín de La Habana que muy pronto ganó enorme atención entre huéspedes y empresarios ibéricos.
Contará la historia y no la leyenda que día tras día iba al hotel una distinguida señora vestida elegantemente, pedía en conserjería un ejemplar, lo leía en el bar del vestíbulo junto a una taza de café y luego se marchaba.
Todo iba viento en popa. Ya se estudiaba el incremento de la tirada con potentes impresoras Rizo para llevarlo hasta Varadero, se hacían planes con el departamento ideológico del partido comunista, cuando un buen día un funcionario de esa propia instancia me informó que debíamos cerrar la publicación al cabo de unas 270 ediciones.
El argumento fue una de las mayores ofensas que como profesional he recibido en mi larga vida como periodista:
-No tenemos a nadie que se pueda responsabilizar con esa tarea.
Razón de sobra tienen hasta los borrachos de esquina cuando sentencian que nada en esta vida es duradero. De cualquier forma, ha quedado para la historia ese empeño junto a Meliá: el primer y único medio de prensa español establecido en la capital cubana.
(Tomado de El Boletín)


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