Gerardo Arreola/México
El embajador de México en Nicaragua felicitó a los dictadores del país centroamericano por el aniversario de la revolución sandinista, en términos que interpelan a la presidenta Claudia Sheinbaum y a su política exterior.
El diplomático pudo usar una fórmula burocrática para cumplir el compromiso de la relación bilateral, pero escogió términos que requieren explicación. Llamó “compañero” y “compañera” a Daniel Ortega y Rosario Murillo. Luego, “estimados y apreciados hermanos”. Expresó su “cariño y admiración por nuestro hermano” gobierno de Nicaragua, “que está muy bien representado por ustedes como gobernantes” y envió un “fraterno y cálido abrazo”.
Estas expresiones militantes no son las primeras que se le
conocen al embajador mexicano, pero sí las más escandalosas. Coincidieron con el anuncio del dictador de que formalizará un régimen de partido único sin elecciones competitivas, lo que ya ha suscitado una repulsa internacional.
Importa saber si la Secretaría de Relaciones Exteriores aprobó el texto o el embajador se fue por su cuenta. El fondo es, sin embargo, la decisión que ha tomado la presidenta, y en consecuencia la cancillería, respecto al régimen de Ortega-Murillo.
Es un régimen que eliminó a más de 5 mil ONG, incluso las religiosas; persiguió y empujó al exilio a decenas de periodistas, cerró más de medio centenar de medios y a varios les incautó sus bienes; confiscó la emblemática Universidad Centroamericana de los jesuitas y ha perseguido, encarcelado o desterrado a obispos y sacerdotes católicos; expidió leyes represivas, que anularon los derechos ciudadanos y codificó ese sistema en una nueva constitución.
Ortega se hizo reelegir con todos los candidatos opositores en la cárcel, eliminó los partidos, prohibió las manifestaciones, canceló cualquier crítica. Líderes históricos del sandinismo que siguieron fieles al régimen han sido perseguidos y encarcelados. Humberto Ortega, hermano del dictador, ex jefe del ejército, murió en prisión domiciliaria. Bayardo Arce languidece encarcelado. Hugo Torres, el Comandante Uno, murió preso en un hospital.
Es común la desaparición forzada, la “casa por cárcel”, la tortura y hasta el acoso a los exiliados, a quienes ha despojado de su nacionalidad, de sus bienes y de su derecho a volver a su país, como al escritor Sergio Ramírez. Ex presos políticos, entre ellos la ex candidata presidencial Cristiana Chamorro y la ex comandante guerrillera Dora María Téllez fueron liberados a costa del destierro.
México fue retaguardia simbólica de la revolución sandinista. Ese fue el mensaje del presidente José López Portillo cuando rompió relaciones con la dictadura de Anastasio Somoza el 20 de mayo de 1979. Pero casi medio siglo después hay incluso agravios directos y recientes al país.
Una persecución policial impidió a una mexicana cumplir su visita académica en Managua. Un trabajador que decidió volver a México fue detenido sin causa en el aeropuerto. Jóvenes ambientalistas que difundían la cocina ecológica fueron detenidos por una explosión accidental. El empresario Álvaro Baltodano Monroy, que tiene también nacionalidad mexicana, está preso, igual que su padre, el general y ex jefe guerrillero Álvaro Baltodano Cantarero.
Cuando en 2023 Ortega liberó a 222 presos políticos, el presidente Andrés Manuel López Obrador reveló que había ofrecido asilo para los excarcelados, pero se abstuvo de reaccionar ante el franco endurecimiento de la dictadura.
México ha apoyado resoluciones sobre Nicaragua en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, pero se ha abstenido en casos similares en la Organización de Estados Americanos. La política mexicana hacia la tiranía es la ambigüedad, la pasividad y mayormente el silencio.
En Managua requiere México una representación profesional, que acate a su cancillería; que sea puente y no obstáculo para quienes buscan asilo. Pero México requiere, sobre todo, una revisión a fondo de su política hacia una dictadura insaciable.
Dijo la escritora Gioconda Belli al recibir el año pasado el Premio Carlos Fuentes: “Espero que México y su gobierno recuperen la mirada solidaria y comprendan que no hay soberanía cuando ésta no se sostiene sobre la voluntad popular. Es obvio que los tiempos han cambiado”.
Publicado originalmente en Reforma


Deja un comentario