Félix López/Andalucía
En política lo que parece, es. El discurso, la gestualidad y el vestuario construyen la imagen de un presidente. Vivimos una época en la que la fotografía, el marketing y todo un catálogo de elementos simbólicos se combinan para transmitir liderazgo y cercanía. No por gusto los principales líderes políticos del mundo escuchan más que nunca a sus asesores de imagen.
Una fotografía del presidente cubano Miguel Díaz-Canel —vestido con sombrero blanco, camisa bicolor y gafas negras— circula por las redes acompañada de memes y juicios que sacan a flote lo que mucha gente percibe en la imagen: “Un terrateniente recorriendo la finca”, “Un magnate”, “Un mafioso”, “Qué desconexión con la realidad”, “Fidel andaría hoy con su uniforme verde olivo” y una pregunta recurrente: “¿Quién viste a este hombre?”.
No caeré en la trampa de criticar el outfit elegido por Díaz-Canel para visitar a quienes cultivan el tabaco. Pero sí señalaré que es un error no escoger el vestuario con intencionalidad. Oscar de la Renta, el conocido diseñador dominicano, asesoró la imagen de varios políticos y llegó a una conclusión que pone en jaque cualquier acusación de frivolidad: “El estilo de un presidente no es una cuestión de moda, es una cuestión de Estado”.
El vestuario en la comunicación política —el empaque, o power dressing— actúa como un mensaje visual inmediato: puede persuadir a la gente o generar indignación si se percibe frívolo. Gilles Lipovetsky, sociólogo francés, lo dijo mejor que yo: “El uniforme del político debe ser la sobriedad; cualquier exceso distrae del mensaje y destruye la confianza”.
Un asesor de imagen serio le diría: “Presidente, con la crisis que vive este país, vístase con sobriedad y formalidad. Eso lo ayudará a parecerse más al pueblo, transmitir empatía, proyectar control y expresar respeto absoluto por la situación que agobia a la gente”. Y, si tuviera confianza, hasta podría mostrarle tres o cuatro fotos de presidentes bananeros centroamericanos vestidos más o menos con su mismo look. O le recordaría a Cheo Malanga, aquel personaje icónico de San Nicolás del Peladero, uno de los mejores programas de sátira política que se recuerdan en Cuba.
PD: La foto de la discordia en los comentarios.

(Tomado del Facebook del autor)


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