ELLOS TAMBIÉN CUENTAN

Manuel Juan Somoza/La Habana

El yin y el yang, le dicen los chinos; las luces y las sombras, diría yo en interpretación libérrima, y entre esos extremos de la vida, presentes en cualquier lugar del planeta, cuentan las cubanas y cubanos que no se conforman con la sobrevivencia y la agonía.

Es sabido, la mayor isla del Caribe respira entre ahogos (38 horas en tinieblas y 95 minutos de luz). Son atributos de los tiempos que corren desde que hace ¡SEIS MESES! Donald Trump y Marco Rubio prohibieran la importación de petróleo en adición a casi 70 años de guerra económica, hiriendo la cotidianidad de cada isleño para después, dicen, “salvarlos del comunismo”.

Es así de SIMPLE Y DOLOROSO. En el Norte, dictan el día a día y definen el futuro de 9,4 millones de mortales – seremos “pacientes” y “realistas”, ha dicho Rubio-, en tanto aquí, los mandantes promueven sus tardías reformas económicas – a fin de “salvar el socialismo”, según reiteran-, mientras cuentan los “Juan, si nada”, como diría el poeta, que no se conforman con el lógico lamento de subsistir casi sin luz, con poca o ninguna agua en los grifos, con los alimentos a precios de especulación, con las esperanzas difusas.

Escribo lo que HE CONSTATADO, no reproduzco leyendas. Hay quien, pese a las trabas de la burocracia que quiere controlarlo todo sin resolver nada, y valiéndose de su trayectoria, ha organizado suministros estables de medicamentos e insumos para hospitales públicos en caos o para gente que le urge, recursos que gestiona al terminar cada jornada de trabajo y le envían desde lugares, a veces, impensables (Proyecto “A CUBA HAY QUE QUERELA”).

Cuentan octogenarios y cuarentones que en los barrios organizan a los llamados “vulnerables” (mujeres y hombres abandonados a su suerte), a fin de hacerles llegar la ayuda humanitaria (un poco de carne de pollo o leche en polvo) que fluye institucionalmente de otros lares o la atención de un médico o simplemente para hacerles compañía.

Y suman quienes organizan la defensa y la vitalidad del barrio , no para vencer la anunciada invasión de fuerzas aerotransportadas estadounidenses, sino para convertir en infierno la ocupación eventual del país; y aquellos que desde instituciones estatales -sin esperar orientaciones de arriba-, sacan el cine de la sala oscura y lo llevan a un parque, o quienes trasladan el arte del títere y el circo a las barriadas más golpeadas, o quienes tratan de que el sector privado se involucre con la recogida de los basureros que amenazan con ahogar a la ciudad.

Esas acciones no alcanzan a cambiar el rumbo incierto de la Nación, pero representan otras de las MUCHAS CARAS de Cuba, cuando el tiempo parece avanzar a ritmo de suplicio.

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